Y así fueron pasando los días, con las casas ya tapadas de agua y con caminos que el
caudal de agua transformaba en arroyos irrespetuosos, llevándose consigo autos,
bicicletas, tachos de basuras, cajas, carros, o algún que otro temerario transeúnte que
confundía el destino y se iba con él. No sólo Potes, el pueblo de Ian y Carla, sufría este
destino. Cientos de pueblos y ciudades del planeta parecían enmudecidos y adormecidos
con esto y navegaban una misma suerte. Poco a poco un corrompido silencio de agua
devenido en ola y aire, iba empujando la oscuridad y temeroso, irrumpía a ciegas por
una puerta grande. Y con ello, la noche, tal vez opaca… tal vez calma, cubría ahora
mojada, un triste manto. Y como si se tratara de una tregua entre el cielo y la tierra, la
incansable lluvia detenía su vertical marcha, y otorgaba por fin un descanso a la
castigada geografía.
Pena y dolor, angustia y desconcierto...y algún llanto escondido y terriblemente solo,
buscaban un sentido a todo esto. Desde la ventana de una de las pocas casas que
quedaban sin agua, asomaba Trinidad su preocupado rostro que continuaba detenido e
impávido en la imagen ondulada del blanco lunar, como si bailara junto a la luna una
extraña danza. Por fin cansada de tanto pensamiento confió su cuerpo al sofá y se
durmió sobre él; Carla, junto a su abuela, también le usaba a la noche su mejor virtud, y
descansaba plenamente bajo su regazo; Tico intentaba recobrar fuerzas en el establo y
acostado en una de las ovejas se disponía a ir a ver a los temibles tres; y Laura, aunque
inmóvil y dormida, viajaba.
Y ese viaje mágico hecho realidad, tenía su primera incursión en el medio de un bosque,
en un lugar lejano y en un tiempo remoto. Allí se abría la tierra y emergían desde debajo
de ella, adentro del Grial, Totto, Zalom y Laura. Asombrados y confundidos, se
miraron unos a otros como no reconociendo el lugar, el tiempo y el bosque. Solo Zalom
parecía comprender lo que sucedía, sin embargo calló, y prefirió observar el claro
espacio abierto nevado que se presentaba ante ellos.
- ¿Dónde estam….? – quiso preguntar Laura, cuando unos chillidos de aves que
volaban en el cielo, la contuvieron. Una de estas aves estaba herida, y sangraba fuerte, y
sus gotas caían sobre la nieve. Al paso, pensativo, se acercaba cabalgando un hombre.
Enseguida se detuvo, se bajó del caballo, y ante las gotas de sangre caídas sobre la
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nieve, se arrodilló sobre una pierna a contemplarlas. Y así quedó por un buen rato,
quieto, profundamente quieto, atónito y compenetrado en el contraste del rojo sobre el
blanco. Durante largo tiempo se mantuvo, obnubilado y sereno, sobre ese color intenso y
vital, que lo volvía hacia adentro. La imagen lo transportaba a otros lados y lo sumía en
otros pensamientos.
-¿Dónde estamos?, ¿quién es ese hombre?- preguntó ahora decidida Laura, tras el
arbusto cubierto de nieve, en donde se encontraban los tres junto al Grial.
- Según su olor…según su aire, según el color de su tierra… estamos en la antigua
Inglaterra, …y este hombre parece ser… ¡Parzival!…- contesto Zalom sin quitarle la
vista, y admirándose también.
- …Pero.... ¡no puede ser! ¡Parzival no existe más!...- dijo ella confundida...
- …Tal vez no exista para tu tiempo, pero él está ahora aquí, como lo ves…
-¿Estamos viajando en el pasado?-...inquirió Laura...
-Digamos que para tu forma de ver las cosas sí, pero para la forma de entender el
tiempo, no...-dijo Craco...
- ¿Y por qué?...-insistió Laura...
- ¡Preguntona como su hijo!...-agregó Totto mientras se subía al arbusto para ver...
-...Parece que el Grial nos quiere mostrar algo...-respondió paciente Zalom...- pero
ahora, haz silencio... ¡alguien se acerca!
-Eh... ¡tú!- se le escuchó gritar un hombre desde unos veinticinco metros, arriba de un
caballo, dirigiéndose a Parzival, pero éste no le contestó y se quedó sumergido en el rojo
ahora condensado y mas intenso aún...
-Eh... ¡caballero!... ¿es que no me escuchas?...- insistió éste, sin ningún éxito, pues
Parzival seguía inmóvil, meditativo y tranquilo… como si algo se le apareciera en la
imagen…
- Oye.... ¿eres sordo?...-dijo por fin, cansado de insistir...- si no me respondes, me
ofendes y si me ofendes, te atacaré.... ¿entiendes?...- le avisó, pero Parzival ni se
inmutó, y el caballero desconocido, se lanzó a todo galope hacia él...
- ¿Qué esta haciendo?, ¿se ha vuelto loco?-manifestó Laura levantándose de golpe - ¡lo
va a atacar! – gritó, y en ese mismo momento el caballero corrió a toda carrera hacia el
hombre arrodillado, y cuando estaba a muy poca distancia de Parzival y levantaba el
brazo para sacudirle un espadazo, éste con la frialdad y entereza de su estado
contemplativo y sereno, reaccionó, se levantó de un salto, tomó su lanza recostada sobre
el suelo, y con mucha elegancia y algo de bronca, le propinó un golpe tan fuerte sobre el
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yelmo, que el desconocido irrespetuoso cayó rodando por el suelo, rompiéndose el
brazo. Irritado y encrespado, el caballero se subió al caballo y se marchó vociferando
insultos contra Parzival, que sin atender lo que éste decía, se sumió nuevamente a la
contemplación de la sangre. ¡Pero cómo no iba a estar así, si la sangre dibujaba el rostro
de su amada Kondwiramour en la nieve! ¡La bella y dulce cara de su esposa lo miraba
desde ese blanco profundo y parecía sonreírle! ¡Cuánta devoción había allí en esa
escena!, ¡Cuánto amor simplificado en la postura arrodillada entregaba el joven
Parzival!¡Y cuánta religión en un solo gesto!
Así quedaron también Laura, Totto y Zalom acompañando el silencio, conmovidos por
ese cuadro. Sin embargo para desgracia de esos exquisitos espectadores, no tardó mucho
en venir otro caballero, que con la intención de saber su nombre, y al no obtener
respuesta, embistió a Parzival otra vez con total agresividad, y con la misma intensidad
y seriedad en sus golpes, Parzival lo volteó del caballo y sin quererlo, le rompió la
pierna. Derrotado y malherido, este caballero volvió al palacio del rey
Arturo,confirmando la llegada de un misterioso hombre, “maleducado y descortés”. Y
así se ofrecían otros dos hidalgos más, deseosos de aventura y dignidad, a “enseñarle a
ese hombre modales y buen comportamiento “y con esta intención atacaban al pobre
Parzival, ¡totalmente compenetrado con ese cuadro! Pero este Parzival, solo tenía el
alma para una cosa, ¡y esa era su amada Kondwiramour! En cada embestida que recibía,
reaccionaba con firmeza y les contestaba con un golpe seco que los dejaba molidos
sobre el suelo.
Largo tiempo se quedó el joven en ese estado, y largo tiempo lo observaron los tres,
hasta detenerse en la llegada de otro caballero que avanzaba con lentitud. Venía sobre un
hermoso caballo y tenía un gran porte. El hombre se paró a unos metros y se detuvo a
mirarlo, sin interrumpir su observación. Luego se bajó del caballo y se acercó con
tranquilidad hacia el joven meditabundo…
- ¡Un hombre enamorado! – exclamó, y con parsimoniosa suavidad, tomó el pañuelo que
llevaba en el cuello y lo extendió sobre la imagen roja en la nieve. En ese momento
Parzival despertó, salió de su estado de sueño, inclinó su cabeza y lo miró - … mi
nombre es Gauvain y estoy con el rey Arturo, él ha enviado a varios para que os
busquen, pero ninguno de ellos ha sabido hacerlo…- le dijo, y le contó lo que había
pasado con algunos caballeros.
- Mis disculpas Sir Gauvain…no ha sido mi intención dañar a nadie...- explicó Parzival,
y Gauvain aceptó tales razones. Luego el caballero invitó gentilmente a Parzival a pasar
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la noche en la corte del rey Arturo, y ambos se subieron a los caballos y se dirigieron al
lugar donde estaba el Rey.
Cuando Gauvain y Parzival ya se habían ido, fueron los tres hacia el lugar donde todavía
permanecían las gotas de sangre, y luego de observarlas, Zalom dijo:
-Esto es una señal…
-¿Qué quieres decir?-preguntó Totto...
-Quiero decir que si estamos acá es por algo, y ese algo además de Parzival es la
sangre...
-¿Qué pasa con ella?...
-...Cada uno de nosotros agarrará una gota y la introducirá en el cáliz - estableció
Zalom, y así lo hicieron. Con suma delicadeza, tomaron con el dedo la sangre, mezclada
con un poco de nieve, y la metieron en el interior de la copa. Rápidamente ésta, como si
los chupara de una vez, los absorbió a los tres hacia adentro, y dos finas e imperceptibles
palomas blancas, se acercaron volando, tomaron con sus picos los dos extremos del
Cáliz, y lo elevaron por los aires.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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