Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 42: ¡Alguien danza en la luna!


En la subtierra todo era una fiesta. Los gnomos recuperaban las tierras robadas y las
embellecían con sus piedras. Orejio, Nazio, Thrill y Thrull eran recibidos con alegría,
como gnomos.
En el Valle Lacrimoso, Tuzal corría perseguido por sus ineficacias y era desplazado
prontamente del poder. Terriblus y Tiranius eran condenados a prisión perpetua por los
maltratos a los que habían sometido a sus súbditos. Y Los Throlls se peleaban entre ellos
y se lanzaban unos a otros al aire entre golpes y patadas … estaban resolviendo quién
sería el nuevo jefe, y esto duraría varias guerras civiles.
Y el pueblo de Potes se desperezaba aquel día. Todo estaba florido. Ningún resto de
aquellas catastróficas épocas de inundación, sequía y muerte, se notaba en sus calles.
Los habitantes salían a regar las plantas que pintaban sus terrazas de hermosísimos
colores. Laura se iba feliz a trabajar. Oma, la abuela de Carla, miraba por la ventana a
las vacas pastar…le encantaba hacerlo …- Yo sé que algún día vendrá – dijo ella,
refiriéndose a su hijo…
La campana sonaba nuevamente, y los chicos corrían a sus bancos. Alan, Tómas y
Sébas, planeaban una nueva travesura y se reían de ella. Después de haber colaborado en
la recuperación del Corazón, se habían despertado de su estado de coma, pero nada
recordaban de su paso por el mundo de los gnomos. Ellos seguirían siendo “los temibles
tres”…
- Buen día, Alan- le dijo Ian al muchachote.
- Buen día, Ian – le contestó sorprendido del saludo, y se sentó en su banco.
- Ey… - llamó Tómas a Alan – acá tengo una tiza para tirarle a la rubiecita de Ian.
- No – dijo éste pensativo y confuso – déjalo tranquilo – ordenó el líder, y Sébas y
Tómas se miraron confundidos pero acataron el mandato.
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La maestra Trinidad comenzaba su clase.
- Queridos niños – inició – hoy les contaré una historia de Gnomos…
- …Pero, maestra – gritó un alumno - ¡Los gnomos no existen!
- Os aseguro que sí – contestó ella, mientras les guiñaba un ojo a Ian y a Carla.
Esa misma noche Ian y Carla contemplaban una enorme luna llena. En su blancoamarillo
fondo, comenzaban a reflejarse unas líneas negras, que poco a poco adquirían
formas concretas de pequeños hombrecitos.
- ¡Se mueven, Ian! – le avisó Carla.
- ¡Sí, son ellos! – exclamó el niño al ver a Totto y a Tico, ahora nítidos y claros, saltando
y bailando en la luna. Sus brazos hacían gestos de saludos humanos.
- ¡Hola, Totto, hola, Tico! – gritaron a la vez los dos niños y allí se quedaron hasta ver la
luna caer…
- ¡Hasta pronto, Totto, hasta pronto, Tico!...
FIN

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