Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 11: Secreto revelado

Después de haberles contado el cuento, la maestra les permitió salir a sus alumnos
afuera a corretear, y así lo hicieron todos. Sin embargo Totto quiso quedarse a deletrear
las letras escritas por Ian, creía haber descubierto el secreto de la lectura, y sabía que era
ahora cuando debía hacerlo...
- Tú ve al recreo...-le aconsejó Totto a Ian...- que a mí todavía me quedan unas cosas por
hacer aquí...
-¿Y Tico?...-preguntó Ian preocupado.
- Seguramente se irá afuera con Carla...-le contestó el gnomo...- y es mejor que así lo
haga….necesito concentración- agregó. Apenas habían salido todos, Tico se subió a los
hombros de la niña y entre alegre y nervioso, dijo...
- Llévame contigo… ¡este encierro es inaguantable...! - se quejó, mientras Ian salía con
ellos. El último de todos fue Alan, que se detuvo frente a la maestra, y como sabiendo
que ella sabía, agachó la cabeza y la miró de costado, esperando tal vez un freno a su
impulso por huir lo mas rápido posible de ahí, pero ella, con calma y cierta comprensión
de maestra, le guiñó el ojo, aceptando su silenciosa y tal vez débil disculpa...
Y así quedaron solos, Totto con sus escritos, y la maestra sentada en un estado casi
contemplativo, hasta que Totto, tal vez con intenciones, empezó a cantar su canto de
“conversión”. Siempre era el mismo, y él lo usaba para llamar a cierta gente que
estuviera capacitada para percibir otros mundos. No todos podían escuchar estas
canciones, o no todos conseguían “ver” el pequeño gran universo de los gnomos.
Su canto se propagó por todo el espacio del aula, hasta entrar en el alma de Trinidad ya
dormida sobre la mesa. Y sin quererlo, con la canción de Totto de fondo, Trini, era UNA
MAS que entraba en el fascinante submundo de la tierra, aunque el aspecto no era tan
maravilloso como el que había observado en un principio Laura. Ya no había ni
montañas de cristal luminosas, ni piedras azules incandescentes. Ahora todo estaba
cubierto por seres con caras deformadas que saltaban sobre las piedras en señal de
festejo, como si hubiera habido una guerra. Sin embargo en otro costado, se veían otros
seres más pequeños, algunos jóvenes y otros con rostros más avejentados, que parecían
estar cansados y resignados a una derrota. Sus expresiones eran de una tristeza profunda,
y daba mucha pena mirarlos. Mientras veía esto en una especie de sueño, la maestra,
apoyada con el brazo sobre la mesa y la cabeza recostada sobre él, hacía expresiones de
pesadilla, parecía llorar, o querer salir de allí. Entonces Totto paró de cantar, y para
lograr que despertara, empujó un frasco que cayó en el suelo e hizo mucho ruido. Con
esto la maestra abrió los ojos y despertó sobresaltada… ¡habían pasado apenas dos
minutos! … pero a ella le parecieron horas. Y como si hubiera hecho un largo viaje,
levantó la cabeza, miró a los costados por la vergüenza de haber sido quizás descubierta
durmiendo, y cuando creyó no divisar a nadie y se acomodó en su silla, vio al enano,
parado frente a ella...
-¿Quién eres?- dijo ella nerviosa, como poniéndose de pie...
- Te lo diré enseguida... pero dime por favor, ¿qué has visto?...- dijo Totto ahora más
preocupado aún. No era normal la reacción de rechazo, de disgusto o de miedo de la
maestra al entrar en las entrañas de la tierra. Lo primero que hace un humano en este
viaje, es maravillarse por la riqueza de ese paisaje de cristal, que ilumina todo de colores
y rayos luminosos. ¡Era imposible no maravillarse con esos caminos cubiertos de
piedras preciosas, montañas de oro puro, colinas de amatistas bordeadas de piedras
lapislázuli, jade, rodocrositas, casas de cristal de roca, y simpáticos y bellos enanos
asomados en sus ventanas, siempre alegres, sonrientes, saltando, jugueteando, y
trabajando con grandes picos que les doblan en tamaño. Pero aquí sucedía lo contrario,
la maestra tenía los ojos cubiertos de lágrimas... ¿por qué?; ¿qué está pasando?...se
preguntaba Totto mientras hablaba con ella... Sólo la imaginación o el sueño de los
humanos podía acceder a estas regiones en un abrir y cerrar de ojos, por eso era
necesario que ella le dijera lo que había vivenciado ...
- ¡Cosas muy feas, muy feas...! –exclamó ella...-pero... ¿qué haces aquí?, ¿de dónde
vienes?, ¿quién te permitió entrar?...¿qué...?
-De a poco, de a poco...-interrumpió él...- para que os vayáis tranquilizando, estoy con
Ian, y mi amigo Tico, está con Carla... somos dos, y vinimos en una misión muy
importante.
La maestra lo miró, y se preguntó por que le sucedía todo esa misma mañana... y qué era
lo que pasaba tan extraño. También pensó en Ian, y se acordó de que esos dos últimos
días estaba muy raro, y cuando iba a preguntarle nuevamente, éste contesto leyéndole el
pensamiento...
-Así es... soy lo que llamáis un gnomo...
-¿Mis alumnos te han visto?-.
-No, por ahora no... No todos pueden hacerlo... – contestó con tranquilidad.
-¿Qué pasará ahora cuando vengan del recreo?...se preocupó ella...
- ...Nada que estorbe tu hermosa clase...te lo prometo...-le dijo él, refiriéndose al
incidente con Tico, que la maestra desconocía... y volvió a insistir ahora con
delicadeza...-dime, por favor... ¿qué has visto allí?
-¡Cosas horribles!... unos monstruitos que se reían de todo, con enormes bocas y
orejas... que golpeaban a otros indefensos...así,...como tú...
-¿Trholls?-
-No sé que es eso... pero eran más o menos así...- dijo con certeza, mientras se levantaba
y lo dibujaba en la pizarra con tal precisión, que hasta Totto se
sorprendió...¡efectivamente eran Trholls!...y la expresión del gnomo lo decía todo...
-¿Qué pasa?... ¡quiénes son estos seres?-preguntó la maestra asustada...
- Uy, me temo que estamos en un gran problema...- dijo reflexivo el enano. Y en el
transcurso de los cinco minutos que quedaban, le contó todo, y más que todo,
mezclando un tema con otro, en un sinfín de expresiones y gestos que a Trina la
maravilló. Le contó de su relación con Ian, Carla y Laura, le habló de Gnomos, Elfos,
Ondinas y Salamandras, de su admiración por la escritura y su necesidad de leer; de su
rechazo a los baños sucios y feos; de la graciosa forma de actuar de los humanos;
mencionó también que había viajado en unos aparatos con gente adentro, que se
deslizaban horizontalmente, y que mientras andaban hacían cochinadas de humo...
- … Son divertidos, ¡pero cómo ensucian!...-dijo en relación a los autos. Luego se puso
serio, y le habló de lo que ya el río le había avisado. Estos horribles seres que ella había
visto, los Trholls, creían haber encontrado el lugar donde se hallaba el “Corazón de
piedra azul”, y se estaban por apoderar de él! - ...Ésto sería terrible... no solo para
nosotros, ...¡sino para toda la humanidad!...-expresó preocupado.
-¿Qué es eso del corazón de piedra azul? -preguntó la maestra.
- ….Pues nada mas y nada menos que ¡el corazón de la Tierra!-dijo éste, y al ver la cara
de incomprensión de la maestra, continuó... - ah...claro, ¡me había olvidado de que los
humanos creen que sólo ellos tienen corazón...!-ironizó Totto...
-La verdad es que no lo sabía...- confesó ella.
-Pues así es.,y dada vuestra ignorancia, vuestro maltrato, vuestra poca comprensión
hacia su existencia, el corazón late fuerte de tristeza, se mueve, llora, grita, gime, y pide
ayuda...¡y lo peor es que no lo escucháis!...
-¿Y qué pasa cuando el corazón sufre?...
-El corazón se debilita, y su sufrimiento lo hace tornar hacia arriba y se desplaza,
provocando con esto catástrofes, inundaciones, sequías, tormentas, huracanes...¡y
muchas cosas más!...
Un frio intenso recorrió todo el cuerpo de Trinidad. Conocía el peligro y la adversidad,
pero éstos tenían relación con el mundo físico y se podían ver, tocar, maniobrar y
transformar, pero cómo iba a ser con este tipo de mundo desconocido, invisible,
extraño...¿quién podía pensar que la salud de la Tierra dependía de unos gnomos
invisibles y pequeños?- pensaba ella...
- El destino de la Tierra no depende de nosotros, ni de vosotros solos...!todos debemos
actuar!...-le contestó Totto, leyéndole el pensamiento...
Trinidad se sentó una vez más, y quedó en silencio por un rato. Todo le producía cierto
temor, pero a la vez este hombrecito le parecía confiable y creíble. Siempre había oído
hablar de gnomos y otros seres, pero nunca se hubiera imaginado que tendría uno tan
cerca...
-¿Qué podemos hacer nosotros...? – quiso saber ella en medio de un suspiro...
-... ¡Mucho!-le aseguró Totto,...y le habló aún más. No se detuvo ni por un rato en la
exposición. Tema tras tema se iban hilando de una forma más coherente y entendible, y
le dijo lo que hasta ahora ni Laura, ni Carla, ni Ian sabían de esto. Nunca se lo había
visto tan hablador y tan confiado con un humano, se sentía seguro con ella, y tenia un
cierto respeto por lo que impartía en las clases, y por cómo lo hacía...- Lo que te pasó
hoy, fue fruto de la acción de Alan, pero su principal responsable, es mi irresponsable y
disparatado amigo Tico, que le desvió al tuvo de acuarela su curso, y con tal mala suerte
que fue a parar a tu espalda...- le confesó en el medio de la charla...-...no lo hizo con
maldad, sino para llamar tu atención, y darle una lección a Alan por sus fechorías contra
Ian...
-Ahaa... ¡ahora resulta que tengo justicieros en mi clase!- dijo ella en tono de reproche,
protegiendo a sus alumnos...
-…No lo tomes a mal, no ocurrirá más... ahora sólo escucha lo que tengo que decirte...
es importante...-dijo éste ya confesando preocupación por lo sucedido.
-Qué otra cosa más tienes para contarme... ¿no ha sido bastante ya?- habló la maestra
con razón...
-No...Todavía hay más cosas que debes saber... tú eres uno de los que nos puede
ayudar...- exclamó con firmeza, y la campana sonó otra vez golpeando el corazón de la
maestra, que ya no estaba para más sustos.
En tropel entraron todos los alumnos, olvidados del incidente y despreocupados de la
mala acción anterior hacia la maestra, que ahora mostraba otra cara, otra preocupación.
Ian entró tranquilo, como era su costumbre, y se sorprendió al no ver a su amigo, pero
no tuvo más que mirar hacia el suelo y descubrirlo, arrollado entre las piernas de los que
entraban...
- … ¡Sí que son brutos estos humanos!- expresó acomodándose sus pelos. Venía del
pupitre de la maestra caminando hacia el de Ian, cuando la yunta de niños lo atropelló
sin darse cuenta.
-¿De donde vienes?-...le susurró Ian.
-...De hablar con tu maestra...- le contestó natural éste...Y los ojos de Ian corroboraban
esta información, al ver a su maestra inclinando su cabeza hacia abajo, en un gesto
afirmativo. La expresión de ella no era antipática, pero su preocupación era tan grande
por lo que le habían contado que no podía disimularlo...
-¿Está enojada?...
- No, no lo está...- dijo Totto...- mas bien,...preocupada...
-¿Preocupada? ¿Por qué?...
-Por muchas cosas que ya te contaré luego...- dijo tajante éste...
-¿Por qué te puede “ver” ahora y antes no?
- …Porque yo la incité a ello...-contestó seco, mientras miraba el cuaderno sin que Ian
pudiese entender mucho, y cuando el niño iba a seguir preguntando uno de sus tantos
“por quees”, Totto le hizo el gesto de silencio habitual.
El niño entendió bien esto. Había comprendido la seriedad de Totto al pedir silencio. Por
el otro lado, entró Carla con su amigo Tico en el hombro con absoluta naturalidad, como
si el gnomo hubiera viajado de por vida, arriba de ella, en una escuela. Estuvo muy a
gusto Tico en el recreo observando las travesuras de los chicos, y participando
indirectamente en ellas. Hasta jugó con Alan, sin que él lo supiese,¡claro!, en la carrera
de postas, haciendo tropezar a uno que jugaba para el equipo contrario. Ya Alan no era
más el personaje malo que él se había empecinado en educar, sino más bien, parecía
haber encontrado en él, temido por muchos y despreciado por otros, un ser divertido y
simpático. ¡Y nadie se podía imaginar, que ese juego que hizo reír a varios, era por la
intervención de Tico!. Tampoco veían cómo Tico, se subía arriba de la cabeza de Tómas
primero, y de Sébas después, y en medio de la corrida hacia la posta y afirmado bien de
sus pelos, les tapaba los ojos con una hoja que hacía caer encima de ellos, para que
chocaran sus cabezas o sus narices. Este hecho fue mayormente festejado por muchos de
los compañeros que disfrutaban viendo ahora, cómo estos dos involuntarios
protagonistas, eran víctimas por primera vez de sus actos y torpezas.
- ¡Gracias...muchas gracias...no fue nada! - alardeaba Tico inclinándose
reverencialmente hacia el público, como si lo estuvieran escuchando, y los aplausos
fueran destinados a él mismo, algo que a Carla le hacia reír mucho.
La clase continúo con tranquilidad, cada uno en su banco, cada uno con su tarea que fue
exigente. Las palabras de la maestra habían tenido una doble virtud, la de tranquilizar al
grado, y la de concentrar sus fuerzas en el estudio. Pero Trinidad ya no era la misma,
ahora se le sumaba una misión que por primera vez no había elegido, y de la que
dependía el destino de la Tierra. Y otra vez las campanadas, y otra vez su corazón
atormentaba su ritmo, azotándolo y alterándolo. Era la última campanada de salida, pero
la primera de un día incierto que ella no sabía cómo encarar. Cada uno a su casa, a su
lugar. Todos afuera, todos menos Ian, Carla, Totto y Tico, que se frenaron frente a ella,
por indicación de Totto...
-Ya tendrás noticias...- le habló el gnomo – y la saludó con un hasta pronto misterioso,
que dejo a todos asombrados...
-¡Hasta pronto!...-saludó Trinidad confusa, y luego, sonriendo, y no olvidando sus dotes
de maestra, dijo efusiva...-¡hasta pronto!...-y todos marcharon.
Laura, la madre de Ian, buscó a todos esta vez, incluida Carla, Tico y Totto. Sin
embargo la seriedad de los pasajeros era preocupante.
-¿Qué os pasa a todos que estáis tan callados?, ¿ha habido algún problema? -...preguntó
Laura natural, mientras Tico observaba maravillado el paisaje que se iba yendo por la
ventana de atrás...
-Hay problemas...- dijo Totto...
-¿Problemas?... a ver... ¿qué tipo de problemas?...--expulsó Laura casi burlona, casi
despreocupada, y casi infantil, suponiendo que de unos seres tan pequeños, pequeños
pueden ser los conflictos...
- Necesito que detengas este aparato acá, en este bosque...- dijo tajante el gnomo...Y
Laura se detuvo sin comprender... – debemos bajar aquí y caminar hacia el interior de
ese bosque- ordenó casi el gnomo Totto, y Laura y su hijo aceptaron la propuesta, al ver
la expresión de Totto, que era un tanto alarmante. Enseguida se pusieron a caminar. El
bosque se veía a unos cien metros un tanto oscuro, en contraste con el sol que iluminaba
la pradera de al lado, y anunciaba un exagerado silencio. Y como aquellos silencios que
se imponen y son escuchados, penetraba en el alma de los caminantes y los sorprendía
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en pequeños miedos. Y allí llegaban, por fin al bosque, aunque misterioso y reservado,
resuelto y definido como todo bosque. Allí se introdujeron, y allí entraron todos en fila
india. Esta vez Totto y Tico caminaban adelante, detrás iba Laura, luego Ian, y por
ultimo Carla, que sólo seguía unos pasos inciertos, desconociendo el por qué de tanta
preocupación. Su mundo era el mundo de las cosas posibles, de lo bueno y lo verdadero,
no imaginaba un mundo de conflictos a pesar de haber nacido con ellos. Para Ian, sin
embargo, era distinto. Si bien él siempre actuaba en positivo, su fanatismo por los
caballeros y sus gestas, lo hacia pensar en un mundo bueno y otro tenebroso, al que
había que iluminar. Y este secreto que los enanos ocultaban, lo percibió aquella vez en
el río, como algo de suma trascendencia. También lo sintió así cuando volvió del recreo,
y vio la cara de su maestra, que anunciaba preocupación.
-Por acá...-dijo Totto, y señalo un hueco en un tronco...
-¿Qué hacemos aquí?...-preguntó Ian...
- Si tu madre me permite, voy a pedir colaboración....- dijo seriamente.
-¿Qué necesitas? –inquirió Laura...
-Necesito que me acompañéis al submundo. Los Trholls lo han invadido, han tomado a
todo mi pueblo de rehenes, y lo van a saquear… ¡no va a quedar nada! – anunció con
dramatismo - Pero no solamente eso, sino que están por acceder al Corazón de la Tierra,
aquel corazón que Ian dijo poseer cuando te rescató del Valle de las lágrimas...
-...¿Cómo es que llegan a él?-quiso saber Laura..
-… Porque está débil y enfermo, y se desplaza hacia arriba cuando llora o está triste...
-¿Cuáles son tus planes?- preguntó Tico a Totto en su idioma.
-Necesitamos bajar a investigar todos, todos menos tú y Carla, que se tendrán que
quedar aquí para protegernos por lo que pueda ocurrir arriba, o por si nos perdemos
abajo...- contestó Totto, ahora en idioma humano para que todos entendieran...
-¿A eso has venido Totto?-...inquirió Laura con confianza...
- Nosotros no venimos, estamos siempre en vuestro entorno, pero no todos nos
relacionamos tan directamente, eso es verdad, y nuestra misión tenía que ver con esto.
Hace tiempo que estamos investigando a los Trholls en su búsqueda del Corazón de
piedra azul,... y sabemos de buena fuente que están cerca...
-¿Por qué es tan importante nuestra ayuda?- quiso saber Laura...
- ¡Este mundo es de todos!...no es sólo nuestro...!- reclamó este...-...si fallamos nosotros,
alguien deberá suplantarnos en la lucha... ¿y quién más sino el hombre?...¿a dónde se
han ido los que buscaban un mundo mejor?... ¿para qué viven?... – se preguntaba
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preguntando en voz alta el gnomo, ante la mirada seria de los humanos…, y continuaba:
- El pensamiento del hombre es libre, abarca lo inabarcable; si es creativo, podrá
soportar ésta y muchas más guerras, ahora, si éste se duerme, se distrae, o se entrega a la
dicha o al sufrimiento de existir por existir, me temo que pocas esperanzas
tenemos....Vinimos aquí en busca de conciencias nuevas y hasta ahora eso hemos
encontrado....- concluyó agradecido el enano Totto.
- ¡Hay que hacer una fogata! –dictaminó Tico interrumpiendo....- la necesitamos...
- No hace frío...- dijo Carla confundida...
-No... Pero necesitamos de las Salamandras para que cuiden de nosotros...-resolvió éste
amistosamente...
-¿Cuánto tiempo vamos a estar?...-preguntó Ian.
- Ya sabes que para nosotros no existe vuestra idea del tiempo.
- … Pero,… tú no puedes ir con la imaginación...- dijo Ian asustado...
- No... Iré personalmente...primero cantaré la canción de “conversión”, y una vez que
estéis adentro, me esperaréis en la roca de entrada a la gruta amarilla, su piedra de
acceso es, precisamente amarilla.

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