Mientras todo esto ocurría allá abajo, Carla y Tico arriba de la tierra seguían
alimentando el fuego, hablando con las Salamandras y las Sílfides, y observando los
cuerpos de Ian y Laura que yacían todavía ahí sin despertar. Sin embargo ya había
pasado mucho tiempo y ambos se empezaban a preocupar. De pronto a Carla vio que el
cuerpo de Ian estaba caliente y empezaba a temblar…
- ¡Está con fiebre! - dijo ella.
-¿Qué es eso?-preguntó Tico...
-Su cuerpo está más caliente de lo debido, está enfermo...- afirmó con razón, mientras
observaban cómo el cielo se empezaba a cubrir de negro, y un fuerte viento empezaba
soplar.
-¿Qué hacemos?...- le preguntó Tico a las Sílfides…
-...Nuestras compañeras que empujan la lluvia, nos dicen que ya está muy cerca...!-…le
contestaron éstas...
- Nosotras con las ondinas no podemos lidiar...- dijeron las Salamandras...- pronto
abarcarán todo y estaremos extinguidas esperando otro momento para actuar…
- ¡Debemos sacarlos de aquí, antes de que se largue la lluvia...!- exclamó Tico.
-¡Pero yo sola no los puedo cargar!!- dijo Carla asustada.
Entonces Tico se acordó de Trinidad, la maestra, y fue a buscarla...-...Es la única que
nos puede ayudar…
Y hacia allá fue, y la encontró entre sus libros, corrigiendo y copiando cosas. Y en
cuanto le contó lo sucedido, la maestra se levantó rápidamente, y tomó consigo paños
fríos y ropa para abrigar al enfermo..
- Ya sentía algo raro yo en mi interior...- habló ella preocupada, y se subieron al auto, y
se dirigieron sin hablar palabra a donde estaba Carla, que seguía junto a Ian, cuidándolo
y tapándolo con lo que tenía ella puesto. La lluvia mostraba sus mejores dotes y
comenzaba a excederse en sus intenciones, explayándose en grandes cantidades de agua.
Trinidad tomó a Ian en sus brazos, y ya bajo la lluvia, lo cargó hasta el auto. Luego, con
la ayuda de Carla, llevó el cuerpo de Laura. Llovía torrencialmente y el fuego
comenzaba a extinguirse junto a las Salamandras, que con últimos chispazos, mostraban
su tristeza y su saludo.
- ¡Está ardiendo!- dijo Trinidad refiriéndose a Ian...- mantenlo así con este paño sobre la
frente...- le ordenó a Carla, y todos subieron al auto y se marcharon con el chaparrón en
sus cabezas a la casa de Laura e Ian. Allí bajaron los cuerpos de ambos, y los
depositaron mojados sobre la cama de Laura. Ella parecía dormir plácidamente. No así
Ian, que con chuchos de frío, subía más y más su temperatura.
Y mientras Trina los secaba, Carla corría a lo de su abuela, y entre sollozos, le hablaba
de esta nueva aventura tornada en tragedia. La abuela sólo escuchaba…escuchó hasta el
final, y sin palabras. Por fin, cuando Carla hubo terminado, se fue a la despensa, y trajo
un ungüento de hierbas y limón para la fiebre de Ian. Su experiencia en las guerras la
había preparado para cada ocasión, era práctica y no había nada que la asustara. Con la
misma entereza con la que había cuidado a todos sus hermanos cuando se debió ocupar
de su madre enferma hasta su muerte, se dispuso a actuar.
-... ¿Se morirá abuela?-le pregunto Carla asustada...
- La palabra muerte no me gusta...-le habló ella...- pero si tú preguntas, ¿se irá al cielo
antes que nosotros?...uhm… ¡eso está por verse!..-y con una sonrisa amable y
responsable continuó...- ¡no sé si lo dejaremos irse tan rápido!
La lluvia no quería cesar y se intensificaba mucho más, y la gente corría por las calles a
buscar refugio, mientras los autos se atascaban en profundos lagunas de agua que se
formaban en las calles.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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