Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 20: Los temibles tres

Mientras tanto Tico se dirigía a la casa de Alan. Su viaje no fue sencillo, porque tuvo
que atravesar toda la ciudad sobre las aguas, y si bien poseía suficiente habilidad para
saltar de un objeto flotante a otro, más de una vez un patinaje fortuito lo zambullía en el
agua y lo retrasaba.
-¡Torpe....torpe!...-se decía a sí mismo cada vez que caía en las sucias aguas...-eres un
¡Ticotorpe...!
Las calles fluían unidas por las aguas, y se metían y salían de las casas con naturalidad.
La gente ya no estaba en ellas, se había replegado en los lugares altos, y esperaban todos
juntos una nueva oportunidad. Sólo unos barqueros iban en dirección contraria a Tico, y
deambulaban en la noche para controlar la zona y prevenir desgracias. Finalmente Tico
llegó a destino. Una enorme casa con amplias puertas de madera de roble, se presentó
ante él al final de un camino de flores coloridas, como expuestas con orgullo por unos
elegantes faroles. Sin rastros de alguna gota de agua que la perjudicase, la mansión
parecía sonreírle a la noche, como si no se hubiera enterado de la enorme inundación
que azotaba la tierra. Los padres de Alan eran ricos y habían construido su casa sobre
una hermosa colina que daba a unos bosques también altos, y desde arriba se podía
divisar toda la ciudad. Era un maravilloso cuadro ver bañarse, como luminosos
nenúfares, a las pocas luces en las aguas. Tico quedó impactado por la preciosa vista...-
Nunca entenderé a los humanos...-se dijo...- ¡algunos se hunden y se pudren en el agua,
y otros, disfrutan de su belleza..!
- …Pronto será peor para ellos...-dijo una sílfide que pasaba volando por el portal...
- …¿Por qué?- preguntó Tico con naturalidad...
-Porque las aguas se empiezan a retirar de a poco...-le contestó la sílfide...
- ¡Esto es fantástico!...- interrumpió Tico, que siempre actuaba por reacción...-¿qué
puede ser peor que toda esta desgracia...?
- …Que se acabe el agua...- acotó terminante la sílfide, y quiso continuar, pero el enano,
otra vez, interrumpió exultante...
- ¡Por fin! …¡ya no la aguantaba más!... ¡hay que dar la buena nueva!- exclamó gozoso
Tico y empezó a dar saltos...
-... ¿Me vas a dejar terminar?- le preguntó con seriedad, la dama de aire...
- … Bueno, bueno, además de Totto y Craco, ahora me reta esta especie de pluma volátil
- dijo infantil y burlón - a ver... ¿qué es lo que va a pasar? ¡Ser negativo! – le reprochó.
- ¡Habrá sequía! – adelantó - ¡Y será la más terrible sequía que hayas visto alguna
vez...y entonces sí, a ellos, que están en lo alto, menos que menos les llegará el agua…
-¿Qué es lo que ocurre ahora?-consultó Tico...
- …Dicen por ahí que a la Tierra ya no le quedan ni lágrimas...su corazón se está
secando... sus latidos son muy espaciados… ¡y empieza a morir de a poco ¡…
- ¡Malditos trholls!...-gritó este...- ¡ignorantes, bestias, vulgares, brutos...! vociferaba
Tico, pero ya la sílfide no estaba más, se había retirado, y su llanto dejó una gota de
rocío triste sobre el pasto.
Después de esto Tico entró en la casa, y se sorprendió del pintoresco decorado de la sala
de estar, con bellísimos cuadros que colgaban sobre una pared color durazno, que le
daban una elegancia mayor. Nada parecía sobresalir en ese espacio bien pensado para el
reposo y el disfrute.
-¿Hay alguien por aquí?- gritó para los espíritus de la casa que no se presentaban-¿nadie
que me reciba? – gritaba Tico, sin recibir ninguna respuesta - ¿pero qué clase de
anfitriones sois?- reprochaba , y en ese mismo momento salió por debajo de la chimenea
un ser muy, muy pequeño, bastante ennegrecido, y con la cara parecida a Craco, pero
más feo...
-¡Uy! Sí que eres chiquito...¡y bastante sucio por cierto!- dijo Tico al verlo todo pintado
de carbón...- ¿estás solo?
- Sí, todos los seres se han ido... no aguantan más estar aquí...- dijo Molo, el espíritu....
- ¡Pero la casa es maravillosa!
- Sí, ¡pero sus habitantes, no lo son tanto! … gritan, se pelean, escuchan una música rara
que te hace poner los pelos de punta, y miran todo el tiempo una caja que adentro
contienen bichitos que se mueven, hablan, se pegan y explotan...- aseguró Molo
refiriéndose a la televisión...
- … Está bien, está bien, ¿y por qué te dejaron solo aquí?- preguntó Tico.
- Yo sólo vengo por un rato..., ya me estaba por ir...
-¿Y a qué vienes?
-A aprender cómo se trabaja en una casa, para luego poder ser yo el guía de otras casas,
y tener mi propia empresa... ¿entiendes?-preguntó Molo.
- Entiendo... ¡no te gusta que te ordenen!
- No…
-¡A mí tampoco!- dijo comprendiéndolo…
- Dime- se adelantó Tico, observando las grandísimas paredes de la sala de estar -
¿dónde duerme el sopenco de Alan?
- Allá arriba, solo, siempre solo, con la caja de bichitos...la primera habitación a la
derecha....- contestó Molo mientras se introducía nuevamente en la chimenea - hasta
pronto…- dijo finalmente - ¡ha sido un gusto verte!...
- ¡El gusto es mío, hasta pronto!- saludó Tico amable, mientras veía como Molo se iba –
¡Este gnomo todavía no se ha enterado de toda la tragedia …! dijo para sí en voz baja, y
se metió distraído, pensando, por la puerta entreabierta a la habitación...
-¡Por todos los gnomos!...¿qué es esto?-exclamó al ver el panorama. En la entrada del
cuarto, lo recibió un póster de colores chillones, de un hombre horrible con cara de
monstruo, que abría su boca con enormes colmillos y sacaba una lengua pinchada con
alfileres y ganchos; medias sucias y olorosas colgadas de la sillas; juguetes robots, de un
plástico negro y rojo, medio desarmados y rotos, con resortes y tornillos desparramados
por el piso; la televisión encendida que expulsaba espantosos sonidos, insultos y
alaridos; una computadora que titilaba una horrible luz, que encandilaba al enano; y …
los ronquidos penetrantes del mismo Alan, que asustaban a cualquiera...-¡Humanos!-
dijo con sorna…- sí que son raros...¡esto es un asco!, ¡es peor que el baño de la escuela!-
expresó. Luego, de un salto se subió a la cama y lo miró. Alan yacía boca arriba sobre la
cama deshecha con los brazos extendidos y la boca abierta...-Uhm...¿quién te manda a
meterte aquí, Ticotontorpe?- se dijo el enano a sí mismo, y atinó a bajarse para irse...
pero una voz ya conocida para él, le contestó...
-Tú, tú te ordenas y haces bien en hacerlo...
-¡Ser blanco!...- dijo sorprendido el gnomo...-¡qué gusto verte!, ¿qué haces aquí?
-...El gusto es mío...vine a ayudarte...-contestó con seriedad el Ángel...
-¿Y cómo puedes ayudarme?
- …De muchas formas - dijo el ser blanco...
- …Este niño no me cae bien... ¡no puedo cantar!...míralo...¡parece un cerdo después de
una comilona durmiendo la siesta! ¡ y con el ruido del aparato ese, no hay quién pueda
hacerlo!
- Cierra tus sentidos, no lo mires, concéntrate en tu canción… - le aconsejó el ser blanco.
- Pero...eh... ¡eso es imposible!...-dijo moviendo sus bracitos…-¿quién se puede
concentrar en la cama de este mastodonte con pelos?
- Schhh...¡Sólo hazlo!
-Pero...
- Shhh...
- Está bien, está bien...siempre terminas convenciéndome - dijo Tico doblándose para
atrás... - pero te advierto que si me sale mal, me iré...
- Correcto - aseguró el ser con tranquilidad mientras le tomaba suavemente la mano a
Alan. Y el gnomo empezó a cantar, primero con cierto desprecio y desgano, después con
más entusiasmo, y finalmente con alegría. Y Alan movió su pesado cuerpo para un lado,
y como si estuviera en oración, puso sus dos manos debajo de su rostro y se sonrió
dormido, mientras el ángel se colocaba en la cabecera de la cama, y desde allí observaba
con sus alas reposadas. La canción de Tico no era cualquier canción. En ella debía
narrarle todo lo que Alan tenía que hacer en sueños para salvar a Ian. Y esto implicaba
mucha concentración en la rima y en la melodía, pues si algo fallaba en su creación, y
Alan despertaba, todo se arruinaría. Y la canción iba desarrollándose así:
- “Llamado estás, Alan, para esta misión.../por tu fortaleza y tu gran valor.../...sólo tú
puedes ayudar /al gran amigo Ian a escapar...”
Y mientras cantaba miraba de reojo, inseguro y dudoso al Ángel que con un gesto
severo lo conminaba a seguir... y con esfuerzo intentaba otra vez continuar con su
canción que seguía así ....
- … “Eres tú el elegido / para lo que hoy te ruego y te pido / abre tu mente en sueños / y
hazte de ti hoy dueño / por eso yo te convoco/....- entonó Tico sin terminar… titubeó un
rato... y casi sin quererlo cantó - ... ¡aunque creo que estoy loco!... ”
Y al decir esto, la sonrisa de Alan se arrugó, y la expresión del ángel se turbó, y cambió
en otras formas. Y Alan abrió los ojos, y Tico quedó tieso por un rato sin moverse,
sorprendido de lo que naturalmente en su canción había fluido. Le costaba mucho
relacionarse limpiamente con el niño que molestaba tanto en la clase, y que además se
reía de Ian....- Yo me voy... - le dijo casi susurrando al ángel, y en ese mismo momento,
Alan miró hacia donde estaba Tico, como si lo estuviera viendo, sin muecas, sin gestos.
Y le sonrió. Y el instante se colmó de instante en la mirada de Tico y en la mirada de
Alan. Tico quedó desconcertado, pero también sonrió. Sin embargo el alma de Alan no
estaba preparada para “ver” despierto, y sus ojos no percibieron en la totalidad a Tico,
que se mantenía firme, sin moverse, esperando una reacción, un golpe, o algo por el
estilo. Por fin, Alan, con un gesto adusto y hosco y un sonido ronco de garganta, se dio
vuelta hacia el otro lado, y continuó su sueño. Enseguida el ángel miró a Tico
seriamente y le dijo...
- ¡Sigue! - Y Tico prosiguió su canción, que se volvió calma y tranquila, hermosamente
melódica, y con el texto adecuado para la ocasión. Era muy larga, e indicaba los pasos
que el niño tenía que seguir para manejarse en el mundo de los Trholls, y para esperar a
sus otros dos amigos Tomás y Sebas. Finalmente la canción concluía de esta manera:
- “... por esto niño ven, que un nuevo mundo te espera / de fraternidad y de amor, de
comprensión y entrega/ resucitar la Tierra / darle vida y belleza / es nuestro deber / estar
siempre con ella / la vestiremos con elegancia / la cubriremos con un manto/ y toda
nuestra vida será un eterno canto...
- Has estado muy bien… te felicito y te agradezco tu esfuerzo… – le habló el ángel, y
complacido, estiró sus alas blancas y comenzó a emprender su vuelo.
- No fue nada…- contestó Tico – cuando me necesites… avísam…- quiso decir
orgulloso, pero el ser blanco ya no estaba. Sin embargo éste se mostraba feliz por el
objetivo logrado.
Y así, Alan espíritu llegaba a la subtierra. Y si bien era un terreno nuevo el que
transitaba, parecía no sorprenderlo su nueva situación. Allí en la gruta de la “espera” se
mantuvo escondido, hasta que aparecieran sus amigos Tomás y Sebas que no tardaron
en llegar. Ya Tico con mas experiencia y con la ayuda del ángel, consiguió con facilidad
hacer “ver” en sueños a los dos restantes. Primero, en la casa de Tomás. La locura de
Tomás por las historietas y los Comics, se notaba en su habitación cubierta de
superhéroes, dragones, bestias y dinosaurios desterrados, pero a Tico no le asombraba ya
nada, sólo agregaba siempre, ante algo extraño... - ¡sí que son humanos estos
humanos!... Y mientras dormía Tomás, el flaco, él le cantaba la canción y la adaptaba a
las circunstancias. Luego se dirigió hacia donde vivía Sébas. Su cuarto parecía el
laboratorio de algún viejo loco, de donde salía un humo maloliente. La canción de Tico
era casi siempre la misma, pero en el medio cambiaba de acuerdo al ser al que iba
dirigida, y así como a Tomás le mencionaba que podía convertirse en un valiente
superhéroe como los que él admiraba, a Sébas le proponía la experimentación de algún
invento suyo....
- “todo puede suceder en esta región / que provenga de tu imaginación / lo que desees en
el mismo instante / lo llevarás adelante / no hay límites de creación / para una nueva
invención / esta es tu oportunidad / no la dejes escapar... ”
Antes de terminar la canción, Sebas-Espíritu, llegaba – el último de todos - a la “gruta
de la espera”, y se asustaba al ver a Tómas....
- ¡Recórcholis! – exclamó mirando hacia arriba - ¡pareces una torre! -
Y efectivamente, Tomás conservaba el tamaño normal sobre la tierra, porque su fantasía
adaptada a grandes superhéroes, no le había permitido reducirse a la medida de un
gnomo, lo que lo hacía parecer un gigante en el submundo. Normalmente todos los que
descendían a la tierra se acomodaban con su imaginación a ese espacio de enanos, pero
Tómas, solo pensaba y soñaba en grande.
-¿Qué?-preguntó éste agachándose hacia Sébas, que tenía el tamaño de su pie.
- …Que pareces una escalera larga...ja,...ja...- le contestó más burlón aún…
-…Y tú… ¡una pulga! - respondió Tómas enojado
- …No empecéis con las peleas - les regañó Alan...
- Mirad- exclamó Tomás con sorpresa, observando desde un agujero que sobresalía de la
gruta a un Throll-guardia-¡parece “Monster”! el de mi historieta, que combate con
Rayman; uy! y ese es igual a “horripilus”, ¡el que pelea con “invencible”!…, y el que
está allá...-
- Sí…- interrumpió Sébas... - ¡es mi tía Margarita!...- soltó irónico - ¡basta ya con tus
comics supertontos! no me dejas pensar mis planes!
- …Claro, claro...- dijo Tomás ofuscado...- tú siempre con tus inventos…. ¡que no sirven
para nada y me dejan todo chamuscado, roto, o con algún terrible castigo!
- ¡Podéis callaros un poco!- gritó Alan equilibrando la cosa...- creo que ahí veo sobre esa
montaña, una muralla que debe ser la caldera de Ian...
-Subiros a mis hombros, ¡enanos! - dijo Tomás contento con su estatura...
-Muy gracioso- expresó Sebas subiéndose a la mano de Tómas...
- Vamos - dijo Alan serio....y así emprendieron el camino hacia la caldera, arriba de
Tómas que debía ir agachado para no golpearse la cabeza.
Mientras tanto, en la caldera, Ian intentaba completar la montaña de piedras con una
mano, para poder trepar a la pared, pues con la otra, debía sostener la “piedra fría” para
no calcinarse. El calor allí era inigualable y a pesar de la ayuda del ángel y de la “piedra
fría”, ya no le quedaban fuerzas. Por fin llego a la altura de la pared, y con el vapor
caliente que subía de los canales de agua hirviendo en sus ojos, divisaba apenas
nebuloso todo el valle. Miles de aterradores Trholls pululaban inquietos, contradiciendo
ese hermoso centro de montañas que erguía como trofeo el Corazón de la Tierra ya
desfalleciente. Y desde arriba escuchaba gritos, golpes, latigazos, pero sobre todo,
sobresalía la horrible voz de Tuzal dando órdenes…
– ¡Inútiles!...-vociferaba, y su onda retumbaba por todo la acústica del valle. Hasta los
mismos trholls se agachaban del susto y se tapaban sus orejas. Pero a Ian no le asustaba,
sólo le preocupaba ver al Corazón de la Tierra tan abandonado y solo. Y mientras
miraba, pensaba también en su Luna... -¿Cómo estará hoy?...- y la buscó como la
buscaba siempre, y la extrañó tanto como extrañaba a su madre, a su Carla, a su maestra,
a Totto y a Tico. Era tal su melancolía que hasta le alcanzó para desear ver a Alan,
Tomás y Sebas. Y en ese momento quiso llorar, pero ¡ni lágrimas le quedaban ya por la
sequedad! Entonces bajó de la pared otra vez, y se sentó angustiado...
-…Estoy acabado- dijo esta vez en voz alta, transpirado y sediento, agotado y
desfalleciente.

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