Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 21: Viaje a Glastonbury

Sobre la tierra, en mitad de la noche, Trinidad despertaba y veía esta vez a Ian, jadeante
y afiebrado. Y otra vez los paños fríos sobre su cabeza y sus pantorrillas, y otra vez las
medicinas de la abuela. Tuvo que llamar al doctor de urgencia, e ir a buscarlo con un
bote por la ciudad inundada, mientras Carla le relevaba en el cuidado de los cuerpos. En
el camino hablaron de todo lo que acontecía y del tiempo.
- Ya por suerte el agua se está yendo...- dijo el médico...- pero aún así, se vienen épocas
difíciles...
- Se acerca una sequía doctor, ¡que será mas grave aún que toda esta inundación...!-le
aseguró Trinidad.
-¿Por qué nos castiga Dios así?...-preguntó ingenuo el doctor...
- Nosotros nos castigamos a nosotros doctor...- y afirmó con severidad- … estamos
descuidando nuestra casa, ¡la Tierra!
- Tiene usted razón...- dijo él, mientras entraba en la casa. Luego observó a Ian y a Laura
con minuciosidad durante un buen rato. El constante mecer del agua se hacía escuchar
en una noche larga, muy larga, y las miradas de Carla y Trinidad acompañaban
inquisidoras y curiosas todos los movimientos del doctor, que con seriedad, palpaba
cada parte del cuerpo de madre e hijo.
- Lamento deciros que están en coma...- dijo el médico refiriéndose a Laura y a Ian...
-¿Y qué significa eso, doctor?...-le preguntó la niña preocupada...
- Que su cuerpo funciona correctamente, pero están inconscientes.... ¡como dormidos
por mucho tiempo!....-le explicó Trinidad a Carla con dramatismo....
- ¿Van a despertar pronto?- susurró la vocecita dulce y suave.
- Nunca se sabe, Carla- contestó compresivo éste...-puede que despierten pronto, ¡o que
no despierten nunca!
-¿Qué debemos hacer?-interrogó práctica Trinidad.
- Por mi parte, les daré suero, necesitan ser alimentados; de vuestro lado, deberán recibir
amor... ¡mucho amor!- aconsejó el doctor, y mirando a los dos, agregó...- dudo que esto
les falte…
El médico se retiró, y Carla abrazó a Trinidad, y Trinidad abrazó a Carla, y el silencio
reemplazó al llanto y lo colmó de preocupación. Y aunque Trinidad quiso hablar y
tranquilizar a la niña, no pudo, y prefirió callarse. Eran muchas las preguntas que ella
tenía como para aclarar algo que no sabía… -¿Dónde están realmente Totto, Ian y
Laura?; ¿por qué no vienen?, ¿qué pasó con el Corazón de la Tierra?- se preguntaba
Trinidad constantemente, mientras observaba a Laura que parecía estar mejor que Ian.
Le parecía extraño que el reposo de Laura tenía otro carácter...como de satisfacción y
placer. Ella no tenía fiebre y a veces parecía sonreír.
Y efectivamente Laura-espíritu seguía con su sueño, viajando por la Gran Bretaña con
Totto, Zalom y el Cáliz, esta vez, llevada desde Jerusalén con José de Arimatea, que se
establecía en la ciudad de Glastonbury, y se quedaba allí a vivir . Con la ayuda del Grial
y de la lanza, que le proporcionaban una misteriosa fuerza al lugar, fundó una capilla,
donde profesó la religión Cristiana. Hacia allí iban cientos de hombres y mujeres a
comunicarse con Dios, y a pedirle cura a sus males o a agradecerle por los bienes
obtenidos. Muchos enfermos se curaban, y muchos salían dichosos de la capilla elevada
en la punta de una montaña sobre la Isla.
Sin embargo este hombre ya se encontraba viejo y cansado, y sus días en la tierra
estaban contados. Y al verlo recostado en la cama, enfermo y con mucha fiebre, durante
mucho tiempo, Laura, afligida preguntó:
-¿Se morirá?...
- Seguramente -le contestó Zalom con naturalidad, y Laura se entristeció. Ese hombre
había significado mucho para ella. Era como si hubiera permanecido varios años con él.
Primero en la prisión de la torre, luego en el largo viaje hasta Gran Bretaña, y finalmente
en su estadía en Glastonbury. Su enfermedad era custodiada y cuidada por Laura que le
tejía pañuelos de niebla, y le cubría con ellos la frente para aminorarle el dolor. Pero aún
así, su estado era grave, y una noche de luna menguante y estrellas titilantes José de
Arimatea murió, y lo hizo en la absoluta paz en el pueblo que él había elegido como
propio, habiendo cumplido su función. Y Laura se colmó de pena, y se mantuvo a su
lado velándolo.
-¿Qué será de nosotros?-preguntó Laura.
- Seguramente nos iremos - le contestó el viejo Zalom - veremos que nos quiere mostrar
el Cáliz ahora…
- … ¡Yo me quedaré aquí! - dijo Laura, arraigada en el tiempo.
- Puedes hacerlo..- le habló Zalom con tranquilidad…- pero todavía tienes un hijo a
quién rescatar y salvar…
- ¿Un hijo?...- preguntó Laura confundida, y olvidada de su anterior historia.
- ¡Así es!, y se llama Ian - le aseguró ahora Totto.
- Ian, que bello nombre...pero ... ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo?, ¿en otro tiempo?
- …Uy...uy...empezamos con el baile de preguntas - ironizó Totto.
- …Digamos que sí, digamos que no ... -respondió Zalom enigmático.
- ¿No es éste mi tiempo?- inquirió Laura.
- El tiempo es, y no es... Observa una planta o un árbol; sus raíces se arraigaron
“primero” en el tiempo. Su buen comienzo, su desempeño hizo “después” al árbol…
pero éste una vez crecido, extendió sus ramas, y las alargó hasta quebrarse. Entonces
vino el hombre y las cortó, las modificó según su gusto. Las raíces ya nacidas
previamente, ya establecidas en el suelo, tuvieron que transformarse, y buscar otras
formas… formas que modificarán nuevamente el árbol. El pasado, presente y futuro, es
uno solo, y se teje a sí mismo. Su tela vive de los colores de la transformación, y cuanta
más modificación, más vida y más color.
- ¿Puedo transformar la historia y el tiempo? – quiso saber ella.
- Puedes hacerlo. Las raíces de la historia están aquí, pero las tuyas, tus nuevas raíces
que se establecieron en otro lugar por algún motivo, las perderás, y sería una lástima,
porque están bien enraizadas. Un hermoso hijo te espera. ¡Es tu decisión! - concluyó. Y
el conflicto y la congoja de Laura se acrecentaron aún más. No recordaba nada de su
anterior estado, y su amor hacia José de Arimatea se había prendido en su alma. Allí
permanecieron por mucho tiempo junto al Grial, la lanza y el cuerpo sin descomponerse,
hasta que un día, inesperadamente e intempestivamente, un caballero de nombre Balin,
perseguido por otro llamado Balon, irrumpió violentamente en la capilla para
esconderse. El que lo buscaba para matarlo, era su hermano, pero ninguno de los dos
sabía a quién era el otro, ya que sus caras estaban cubiertas por los yelmos. Alguien le
había dicho a Balon que el caballero a quien debía matar se había escondido en la
capilla, escapando de una confusa reyerta. Y hacia allí fue él, y ahí encontró a Balin
escondido. Rápidamente se trenzaron en un duelo de horas, que Laura, Totto y Zalom
tuvieron que presenciar horrorizados, acurrucados en el cáliz. Balin cayó muerto junto al
cuerpo de José de Arimatea. En ese mismo momento Balon vio el Cáliz dignamente
presentado frente a él, y como trofeo de su ignorante lucha, lo quiso tomar para
llevárselo. Pero al instante las aves aparecieron sobre su cabeza, sacudieron sus alas
blancas con fuerza, y se lanzaron hacia el Grial, lo tomaron, y se lo llevaron por los
aires, con los tres amigos dentro.
- ¿Qué hacen?, ¿adónde nos llevan ahora?, ¿y el cuerpo? … ¡no lo podemos dejar aquí!
- protestaba Laura, mientras volaba, y veía como los rostros de Totto y Zalom se
mantenían inclinados hacia abajo, sin involucrarse.
-¿Y la lanza?-siguió preguntando.
- …La lanza tendrá su derrotero por tierra...- dijo Zalom...
-¡Mirad…!- exclamó Totto señalando hacia abajo. Era Balon, que lloraba a su hermano.
Acababa de descubrir el verdadero rostro del caballero al que había matado, y se había
dado cuenta de la tragedia. Profundamente dolorido le dio sepultura a Balin y a José que
yacía junto a él, tomó la lanza y se marchó.

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