Esa mañana los diarios amanecían anunciando en primera página, escasez de agua.
Apenas habían pasado cuatro semanas y ya se revertía el clima. La sequía se estaba
extendiendo por todas las regiones y había que ahorrar agua.
En las calles, se extendían colas interminables para recoger agua potable, y tenía que ser
en recipientes de cinco litros nada más, ¡porque debía alcanzar para todos! Los ríos ya
no corrían, y poco a poco se empezaba a ver cómo los peces se amontonaban, apurando
nerviosos sus últimos aleteos, intentando sobrevivir al poco fluído de agua que
circulaba. El sol despertaba luminoso sobre una tierra sin posibilidad de recibirlo con
alegría.
Un nuevo tiempo se acercaba y Trinidad lo sabía. Había dejado a Carla a cargo de los
cuerpos y acababa de venir de la casa de Alan, Tómas y Sebas.
-¿Cómo están?- preguntó la niña.
- …Mal, muy mal -contestó Trinidad con dramatismo-los tres están con parte de
enfermos, más precisamente ¡en coma!, como Ian y Laura. Los padres están
preocupados, y el doctor se pregunta cómo es posible que ocurran tantos estados de
coma en tan poco tiempo.
- …De eso yo soy responsable…- dijo Tico haciéndose cargo.
- Ya no se puede hacer nada - agregó resignada y triste Trina -¿hay alguna otra noticia?
– dijo, mientras colgaba su chaqueta sobre el perchero.
- … No son buenas - contestó Tico - Allá abajo se ha desatado una batalla terrible, y no
se sabe cuánto van a aguantar los espíritus, y aunque han ido por más refuerzos, no
128
creen que puedan superar a los miles de bestias que se aproximan contra ellos…
-¿Qué sabes del Corazón de la Tierra? - preguntó ella mientras aseaba a los cuerpos de
Ian y Laura…y al no escuchar respuesta, volvió a preguntar…
- Dime, ¿sabes algo? …- insistió, viendo que Tico se hacía el distraído una vez más, y
un silencio conocido y mórbido se apoderaba del cuarto nuevamente. Y Carla parecía
comprender que algo malo se tejía allí.
- Ey... ¿me escuchas?- dijo ya poniéndose nerviosa, pero tampoco obtuvo respuesta, y la
paciencia de Trinidad no soportó más, y con un golpe sobre la mesa, gritó con todas sus
fuerzas...
-¡¿Me vas a decir de una vez por todas que pasó con el Corazón de la Tierra?! - y echó a
llorar desconsoladamente.
Era un grito desesperado. Había soportado ya mucho. Primero las enfermedades de Ian y
Laura, de las que ella se hacía cargo; luego las lluvias interminables, sin que hubiera
podido ayudar en las inundaciones. Siempre estaba en toda situación complicada
colaborando en el pueblo, y ahora debía permanecer junto a dos cuerpos que no sabía si
iban a despertar alguna vez. Su casa también se había inundado, pero apenas había
tenido tiempo de ir a reparar los desastres que había hecho el agua. Después, las
enfermedades de Alan, Tomas y Sebas, de las cuales sabía los motivos, y sin embargo
no quería ni podía revelarlos, porque los padres iban a pensar que estaba loca. Aunque
todos los pronósticos de los seres se habían cumplido, y siempre estaba esperanzada,
empezaba a dudar de todo, y de ella misma, y eso la asustaba;… y ahora, para colmo de
males ¡la sequía!,...¡Y lo peor de todo era que ésta derivaba de una problemática mayor!
¡El fin de la Tierra misma!
- …Se está secando… - le dijo Tico - … ¡y completamente! - agregó con suavidad,
desde una esquina del cuarto...
- Perdonadme…- les dijo ella sollozando, mientras Carla se sobrecogía de pena, y el
gnomo trepaba lentamente por las patas de la silla, y se subía a su falda sin que ella se
diera cuenta – estoy un tanto cansada – se disculpó la maestra secándose las lágrimas.
Pero ninguno de los dos respondió. Sólo atinaron a acercarse. Primero Tico, que,
delicado, dulce y apacible, estiró sus pequeños, pequeñísimos bracitos, a la altura de su
cintura y con cierta duda y timidez de gnomo… la abrazó... Y el abrazo no era cualquier
abrazo, ¡era un abrazo de gnomo! Pequeño en su tamaño, ¡pero enorme en su intención!
Un abrazo que sólo Tico, en su grandiosa pequeñez, podía dar.
Era la primera vez que lo hacía, la primera vez que tomaba contacto afectivo tan de
129
cerca con un humano, y la primera vez que sentía y comunicaba, ¡desde lo humano!. La
maestra bajó y abrió sus brazos, esos que tenía siempre disponibles para cualquiera que
los necesitase. Bajó su cabeza enternecida, abrió sus manos ya mojadas de tanto llanto, y
con la sutileza de un artesano con su pieza, o de un jardinero con su rosa, las acercó al
pequeño cuerpito y las fue cerrando armoniosamente, cubriéndolo tiernamente. Luego
levantó la cabeza, sonrió, y con un amoroso gesto, invitó a Carla a ese acercamiento
familiar. ¡Y juntos comprendieron la unión de los seres vivos en toda su dimensión!
Comprendieron la unicidad de la vida y la ilusión de un mejor entendimiento entre las
distintas criaturas del planeta. Su relación con ellos no era fruto de una casualidad, sino
resultado de su preocupación por la vida de la Tierra, y sólo almas como la suya, podían
ayudar a mejorar sus condiciones de existencia...
- ¿Por qué pasa esto?...preguntó la niña confundida.
- Tal vez para que la gente aprenda a hacer ciertas cosas...- dijo la maestra.
-¿Qué cosas debe aprender? - inquirió Carla.
- … A respetar la Tierra, y a tratarla como es, ¡un ser vivo!, y debe saber que la Tierra
sufre cuando se la ignora, porque ella es como una madre que procrea incesantemente.
Sufre cuando se le quitan sus preciados hijos: los árboles, que como brazos extendidos
hacia arriba, saludan al cielo en verde y lo toman en azul, en una comunión única de
colores y formas. Sufre cuando su ser, provisto de la más excelsa belleza y hermosura,
es ensuciado indiscriminadamente con gases tóxicos, aerosoles, bombas, ruidos, basura
y desechos industriales. Y sufre cuando se la explota con elementos venenosos en sus
campos, que cuando se abren para ser sembrados, entregan confiados al hombre su
interioridad, íntegra y majestuosa.
¡Ni siquiera se le agradece con oraciones de reverencia y reconocimiento, a la hora de
comer sus alimentos, que ella desinteresadamente nos proporciona!... ¿entiendes?
-Sí, ¡entiendo!- aseguró la niña – ¿y por qué no hay agua ahora?
-¡Porque la Tierra está enferma! - dijo Tico para terminar- ¡y su Corazón también! Y con
esto, se aísla, como cuando un hombre esta convaleciente, y nadie se le puede acercar
mucho...como ahora tu amigo y su madre. Entonces el cielo reclama su presencia, pero
ella no responde, y el cielo llora su ausencia, y cuando lo hace, su llanto es total, ¡y
provoca inundaciones! Así, mi querida amiga – le explicó Tico con paciencia - la
relación entre ellos se corrompe, y ella se separa más y más del cósmico abrazo, y por
fin se contrae, ¡y el maravilloso diálogo entre cielo y tierra se interrumpe. Por esto la
sequía, el último gesto de la vida, y el primero de la muerte – concluyó.
130
Y ahora ambas, Carla y su maestra, escuchaban con seriedad, y esto les daba nuevas
fuerzas.
Cuando Tico terminó de hablar escuchó que desde afuera lo llamaban...
-¿Quién será? - dijo en voz alta, y se asomó a la ventana, y vio a unas Sílfides que desde
el jardín le hacían señas. Entonces bajó, y varias se precipitaron hacia él, y le hablaron
de Lin, la Sílfide que lo había ayudado a rescatar a Totto de la cueva negra, haciéndolo
invisible, y que luego se disipara con el viento...
-¡Tenemos noticias de ella!
-¿Qué es lo que sabéis?
- El poderoso viento del Norte se la llevó, y la hizo suya.
- ¿Por qué?
- …Porque la considera hermosa.
- ¡Y sí que lo es!, ¿qué debo hacer para rescatarla?, ¿debo ir allí?
- Si te diriges al Polo Norte… te expulsará de un soplido, ese es su territorio - dijo una
de ellas…- sin embargo, una vez al año, en esta época precisamente, se reúne con los
otros tres vientos, en el pico más alto de la montaña más alta de Europa, el Monte
Blanco.
- Allí se la lleva a Lin con él, y mientras juegan y danzan en sus remolinos, se
distrae…¡ahí debes actuar! Primero te correrás a un costado de su baile, porque
conocida es la danza de los vientos… ¡es larga y vigorosa!... si no te agarras bien, y te
afirmas debajo de una roca, caerás al vacío, y será tu fin. Luego, en esa especie de
huracán concentrado, gritarás su nombre, tan fuerte como puedas, pues ella lo ha
olvidado. Si consigue oírte, ¡quiera el destino que lo haga!, se reconocerá a sí misma, y
te reconocerá. Entonces la tomarás fuerte, y la introducirás adentro de la primera cueva
que encuentres en la que el viento no pueda entrar… ¿has entendido? - preguntó práctica
y concreta la Sílfide.
- Creo que sí - titubeó Tico.
-...Bien…- concluyó una de ellas- Nosotras debemos marcharnos- y suspiró…- ¡las
salamandras nos agobian!, día y noche nos invaden con su vanidad… ¡esto ya no se
puede tolerar más!, ¡el calor es insoportable y nos matará a todos!
- ¡Muchas gracias!... ¿hay algo más que deba saber? - quiso asegurarse Tico.
- Sí…- dijo una yéndose, mientras las otras se iban disipando, dejando un colorido
cuadro de formas redondas en el aire - ¡Procura que la grieta donde te escondas con Lin,
sea profunda…el viento Norte enfadado...¡es de temer!
131
Y Tico quedó mirando el jardín sin ningún punto fijo, y comprendió por qué las cosas se
habían dado de esa manera… ¡por algo no se había quedado con Craco! Y en un
momento le vinieron las dudas y cierto temor de que las cosas salieran mal. Entonces se
reprochó a sí mismo...-¿no querías aventuras Ticotonto?...¡ahora las tienes!- se dijo, y de
allí, se dirigió a donde estaban Trinidad y Carla, y les contó su historia con Lin...
- Es una maravillosa historia… ve en su búsqueda - le aconsejó la maestra- nosotras nos
arreglamos solas – le aseguró, aunque a Carla esto le entristecía un poco.
- Volveré pronto... - la consoló Tico, pero ella no contestó, y lo saludó con una sonrisa
esperanzada...
Y Tico le devolvió el saludo con un gesto respetuoso, y se marchó a la aventura del
encuentro con los cuatro vientos.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Espero con alegría tu comentario!