El drama se acrecentaba, también arriba, en el pueblo de Potes. La tierra formaba grietas
cada vez más abiertas y más profundas, como heridas de una piel expuesta al tiempo y al
mundo, que se acurrucaba en sí misma, y se resquebrajaba. La vida allí se apagaba y
mostraba como último recurso, a los niños, que en las calles saltaban las hendiduras y
reían sin saber lo que ocurría. La primera manifestación de ese ocaso aparecía en los
seres vivos no tan vivos, que yacían sobre la superficie, en los campos agotados de
respirar amarillo enfermedad. Y como en la inundación anterior, los primeros en sufrir
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los gestos mortuorios de la naturaleza eran las vacas, los caballos, perros, pájaros, ratas,
peces abandonados al aire y a la tierra firme. Todo el pueblo sucumbía a la sequedad, y
las madres lloraban a sus hijos que enfermaban deshidratados de tanta fiebre y de tanta
sed. Por su lado, los hombres se agolpaban en pequeñas fuentes, que en sus mejores
épocas rebalsaban de las mejores aguas venidas del deshielo de las montañas.
Esos manantiales de agua cristalina, que otrora salían por el medio de las piedras en
grandes cantidades, ahora mostraban un verdor seco y triste, donde apenas se podía
adivinar que allí hubiera habido algo, alguna vez, referente a la vida. Y hacia allí
también se dirigían algunos, esperando ver fluir algún vestigio de agua, y la desilusión y
la pena se subían a sus espaldas, y los devolvían derrotados a sus hogares. Otros se
dedicaban al cavado de pozos profundos, con la intención de encontrar algo, pero la
búsqueda se hacía infructuosa y estéril.
Trinidad se había pasado todo el día ayudando a algunas madres a cuidar de sus hijos,
mientras Carla y Emma, la señora de la limpieza, se ocupaban de Laura y su hijo Ian.
También Trinidad había estado en cada una de las casas de los temibles tres, Alan,
Tómas, y Sébas, y se había alarmado con la frase de la madre de Alan, que parada frente
a su cuerpo en coma, le decía:
- … ¡Ya no tengo esperanzas de que mi hijo Alan pueda volver a vivir!...- Como
también le resonaban las palabras de una madre ese mismo día, mientras miraba cómo se
le iba la vida a sus dos mellizos deshidratados.
- No os vayáis todavía mis niños, que mis ojos no soportarán no verlos a mi lado, y mi
alma se irá con vosotros para no perderlos.
Y estas palabras se hacían eco en el corazón de Trinidad, y su sonido retumbaba en él,
provocándole profundos dolores. Esa noche se quedó con Carla. La luna asomaba gris,
entre nube y nube. Ya Emma se había retirado, y en silencio lavaron los cuerpos de
madre e hijo, y se sentaron a mirar por la ventana, como lo hacían siempre, con la
esperanza de que algo nuevo sucediera. Pero la calle seguía vacía de vida, y cubierta de
muerte. Y peor aun, un ser desconocido, como un gnomo, pero más grande y
espantosamente horrible, arrastraba el cuerpo muerto de un perro negro, y lo metía en un
pozo.
-¡Mire maestra!- le señaló Carla espantada de ese ser...-¿qué es eso?..-preguntó, y a
Trinidad se le heló la piel, su cuerpo se ablandó a punto de desmayarse, y gotas de fría
transpiración mojaron su rostro de miedo. ¡Eran esos monstruos que había visto la
primera vez que “vio”, cuando estaba con Totto en la escuela, y ya se habían apoderado
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de la Meseta Florida, y del Corazón de la Tierra. ¡Eran Throlls!
-¿Qué son Throlls?-preguntó la niña más asustada aún, al ver la cara de la maestra, que
siempre demostraba seguridad.
-… Eh... Throlls… son… ¡Throlls! - dijo ella, sin querer responderle con exactitud, y
continuó exclamando -¡oh, mi Dios… esto significa que al Corazón no le queda más
vida! ¡o que los gnomos han sido desterrados!.. ¡Y encima no podemos saber nada,
porque Tico no está!, ¡y él es el único que podría averiguarlo!
-¿Qué son Throlls?-volvió a preguntar Carla…
- …Son…son… ¡gnomos malos, feos!, gnomos de la destrucción - le contestó, mientras
miraba cómo iban apareciendo más y más Throlls, y la calle se iba llenando de ellos…
- … ¡Totto me lo dijo aquella vez en la escuela, antes de partir hacia la subtierra, pero yo
no entendí mucho, y tampoco le di importancia...!- decía con angustia Trinidad,
agarrándose la cabeza.
-¿Qué le dijo, maestra?
- …Me dijo que si empezaban a aparecer, parte de la batalla la habíamos perdido, y que
quedaba poco por hacer.
Y efectivamente así era. Totto le había revelado verdades que casi nadie sabía.
- “…Nosotros nos iremos en una misión con Ian y su madre…- le decía aquella vez- , tal
vez no entiendas, pero los cuerpos quedarán en la tierra…si por alguna razón no
regresamos, y ves a esos seres arriba de la tierra antes que vuelvan en sí madre e hijo,
toma los cuerpos de Ian y Laura, y llévatelos a Avalon. Allí, donde todo crece por sí
solo, donde nada necesita ser cultivado, la tierra produce sin necesidad de ser trabajada,
los árboles dan sus propios frutos, y el agua fluye pura, siempre. Este es el único y
último lugar de la Tierra que se mantendrá vivo” – Concluía en aquel momento Totto,
sin decirle nada más al respecto.
-¿Por qué no nos podríamos quedar acá?- le había preguntado aquella vez Trinidad.
-Porque si no los pueden vencer allá abajo, vendrán por los cuerpos que ahora duermen,
y eso será el fin de todo. Debes mantenerlos vivos hasta que regresen a sus cuerpos...-
Todas estas palabras y muchas otras cosas más le había dicho el gnomo, y ahora le
resonaban con absoluta claridad. Nunca se hubiera imaginado en aquel entonces que
esto pasaría.
-¿Te vas a ir maestra?-le preguntó Carla ahora asustada .
- No lo sé- contestó ésta angustiada, mientras veía cómo el pueblo se llenaba de Throlls.
Aparecían por todos lados, como brotando de la tierra en cantidades. Eran realmente
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horribles. Todos llevaban una risa malsana en sus enormes bocas torcidas, y se
abalanzaban sobre los cadáveres de animales como si fueran gusanos, y bailaban sobre
ellos.
Carla estaba espantada, y no quiso mirar más. Mejor dicho, Trinidad la apartó de la
ventana, le contó un cuento, le hizo una oración, y la niña se durmió como pudo. Pero
Trinidad no pudo pegar un ojo en toda la noche. Pensaba en las palabras de Totto y se
preguntaba por qué debían dirigirse a Avalon. Rápidamente fue hasta la biblioteca, y
tomó una enciclopedia. Estaba muy nerviosa. Quería investigar sobre Avalon, pero por
más que sacara libros y libros para saber sobre esa ciudad, no descubría nada nuevo.
Molesta y temblorosa, colocó los libros en la biblioteca otra vez, y sin querer tiró uno al
suelo.Éste le golpeó un pie, y le hizo un pequeño corte,de donde le salió un poco de
sangre. Más irritada aún, se limpió un poco con el dedo, y sin darse cuenta, tomó el libro
caído que estaba abierto, y le manchó una hoja. Cuando quiso limpiarlo, enfadada
consigo misma por su torpeza, vio sorprendida que la mancha de sangre estaba justo
debajo de la palabra Avalon. La reacción y el susto la hicieron caerse sobre el sofá del
living, con un profundo suspiro que le llegaba hasta los huesos…Si antes se había
estremecido, ahora estaba totalmente extrañada. Volvió a abrir el libro, y efectivamente,
¡ahí estaba la isla de Avalon, hoy conocida como la ciudad de Glastonbury!. El lugar al
cual José de Arimatea llevara el Santo Grial y construyera la capilla;donde el rey Arturo
fuera enterrado junto a su mujer Ginebra y donde, según la leyenda, habría prometido
volver en el momento que fuera necesario, para salvar a Inglaterra o al mundo. Esa
maravillosa Isla que se cubre de una niebla que separa bien el mundo visible del
invisible, habitada por hadas y seres celestiales que saludan al mundo físico, bailan,
juegan, y lo honran. Tantas cosas pudo ver Trinidad, hasta quedarse hondamente
dormida sobre el sofá del living, con el libro sobre su pecho.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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