Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 3: Aprender a "ver"

La madre buscó al niño en la escuela, y juntos, emprendieron el camino de regreso a
casa. En el trayecto, mientras Ian se daba vuelta para dejar la mochila en el asiento
trasero, Totto trepó por encima de la guantera del auto y se afirmó a un libro que estaba
allí. Cuando Ian se dio cuenta de esto, quiso bajarlo por temor a que con el bamboleo se
golpeara, pero el gnomo le hizo un gesto de desaprobación que el niño entendió y que
tuvo que acatar. Para Totto era muy importante mirar el paisaje, recorrer con su vista
que era muy aguda, las montañas, las piedras, las praderas y las vacas encima de ellas.-
¡Qué bello que es todo!- pensó. Mientras tanto la madre preguntaba a su hijo cómo le
había ido en la escuela.
- Bien...- dijo éste...
- Pero… ¿qué habéis hecho?
- Un dibujo - contestó el niño más interesado por el zarandeo del auto que tiraría al
gnomo al suelo, que por la charla con su madre.
- Ahaa…- dijo ella sospechando algo raro... y, con sabiduría de madre, calló. Estaba un
poco asombrada por la seriedad que llevaba Ian, que siempre le contaba todo sobre lo
que había visto y aprendido en la escuela. Sabía que pronto iba a largar algo de lo que le
sucedía, porque entre ellos casi no había secretos, se habían acostumbrado a vivir
muchas cosas juntos, buenas y malas, y esto los había unido mucho. Efectivamente la
madre tenía razón, porque enseguida hablaría Ian...
- ¿De quién es ese libro ma?- dijo él señalándolo, con el objetivo de que vea al gnomo...
- ¿Qué libro?- preguntó ella, concentrada en el manejo del auto.
- ¡Éste!.. ¿No lo ves?- insistió aún mas, levantando la voz y enojándose casi por esto.
- Ah... Sí, es prestado,… ahí está el nombre del autor... toma,…fíjate...- dijo ella e hizo
un gesto de estirar el brazo para dárselo…
- No, está bien...- la frenó él, comprobando que su madre no veía al gnomo.
- Pero,…. ¿por qué me preguntas por el libro y luego no te interesa agarrarlo?
- ... No sé...
- ¿Qué, no sabes?
- …. Qué se yo... solo quería…- titubeó.
- ¿Qué querías Ian? , dime...
- … Sólo quería...- vaciló nervioso- que.., ¡que vieses a Totto...!
- ¿Totto? , ¿Qué es eso?!
- Totto... Totto,… ¡es él ma!!- se animó Ian a señalar, casi tocándolo, lo que produjo
una sonrisa y un guiño cómplice del gnomo a Ian…
- Ay,… hijo,... ¡yo no veo nada!..¿A quién te refieres? – preguntó la madre queriendo
entender.
-…A Totto,… mi amigo , el enano que está ahí sentado sobre este libro, y tú no puedes
ver – le dijo un poco entristecido..
- Ahaa...- suspiró ella mientras detenía su auto- … lo que tú tienes ahí es… ¿un
gnomo? , ¿Es eso lo que está ahí?, ¿como aquellos que aparecen en los cuentos?
- Sssí,... bah, no sé,… es un poco distinto a lo que yo me imaginaba en los cuentos,…
pero sssí,… es parecido…
- ...Pero… ¡qué bien!!- exclamó ella insegura, queriendo demostrar tranquilidad, sin
saber qué decir, y mirando a ver si lo descubría.
- Ahí no está ma,… está en este lado del libro,… mira… ¿lo ves?- le preguntó
entusiasmado, y mientras decía esto, Totto, que comprendía la situación, empezó a
hacer morisquetas con su cara, y a demostrar diferentes posturas y poses raras, lo que
hizo que Ian echase a reír a carcajadas…
- ¿De que te ríes, Ian?- preguntó ella asombrada.
- …Me río de Totto que hace payasadas, ¡y me hace reír...!
- Ah,… muy bien,… ahora encima de ciega, ¡soy tonta!... y os reís de mí,.. ¿No es
cierto?,… pues bien… dile a tu amigo que yo no soy un hazmerreír, y que si quiere
seguir en mi auto tendrá que estar tranquilo,… ¿me entiendes?
- Díselo tú mami,… ¡te está mirando!- Dijo el niño, ahora confiado.
- Pues mira…,- habló nerviosa disimulando naturalidad - tú… Totto… ¿así se llama?
- Sí.
- Bien,.., Totto, creo que debes saber que ... – Quería explicar ella, cuando, de pronto, el
gnomo comenzó a deslizarse hacia la parte del volante del auto, y la dejó a la madre
mirando hacia otra dirección, hablando prácticamente sola, y a Ian riendo aún mas
fuerte.
- ¡Basta! ¡No me gusta que te rías de mí!- le gritó encolerizada a su hijo, y arrancó el
auto abruptamente y se dirigió a la casa sin hablar. Cuando llegaron, mandó al niño al
cuarto castigado.
- ¡Se acabó! ¿Qué es eso de burlarse de tu madre? iros ya mismo,... digo… ¡ve ya
mismo al cuarto, y espera a que te saque de ahí! Ian tomó la mochila y a Totto, y se
metió en su cuarto obedeciendo la represalia de la madre, que cuando se enfadaba era en
serio,… muy en serio…
- ¿Por qué haces eso?- le dijo el niño al gnomo preocupado...
- … ¡Bien que te has reído, niño!- contestó ahora el gnomo, que poco sabía de disciplina
y comportamiento familiar.
- Sí… pero así nadie me va a creer que estoy contigo, y van a pensar que estoy
fantaseando -dijo el niño desesperado.
- Está bien… -contestó Totto- tienes razón... Déjame que le pida perdón... ¡Ya verás
como cambia todo!
- ¿Qué es lo que harás...?- preguntó el niño un poco prevenido.
- Haré que “VEA”…!- contestó éste.
- ¿Qué significa eso?
- “VER” es una cosa que los hombres han olvidado, mejor dicho, ellos creen que lo que
ven con sus ojos, es lo único real, y todavía no conocen los ojos del espíritu…
- ¿Y por qué te puedo VER yo…? – preguntó el niño con razón.
- ...Tus ojos del espíritu están sanos, vitales, limpios, otros se nublan, se ciegan, se
ensucian…
- ¿Por qué?
- ¡Zas!... empezamos con las preguntas...- se quejó el gnomo…- Pero bien… ¿Quieres
saber más…?-
- ¡Sí!...- dijo Ian entusiasmado, que quería saber todo…!
- Entonces, hazle preguntas a la noche, lánzalas al aire. Algún elfo las tomará, se las
dará a un ángel, y este elevará sus alas cargadas al cielo, y su vuelo repartirá tus
preguntas entre las estrellas, que viven de ellas, se sirven de ellas, y brillan gracias a
ellas: cuanto más preguntas, más resplandor…
- La estrella del alba...– interrumpió el niño como descubriendo algo- ...¿Está cargada
de preguntas?
- Es una estrella sabia, …es verdad...
- ¿Y luego qué hacen con las preguntas?...
- Luego, otros Ángeles de mayor rango, arcángeles o querubines, las suben a la Vía
Láctea, y en ella viajan a través del espacio y el tiempo…Cuando miras la Vía Láctea,
estás observando preguntas que viajan, algunas hace años, ¡miles!! Aquellas que están
preparadas, son bajadas generosamente por los rayos del sol, que las entregan a los
hombres al despertar…
- Entonces...- quiso hablar el niño…
- Entonces hemos terminado…- dijo el gnomo simpáticamente…- porque tus preguntas
no cesan nunca niño, amigo…,¡acabas de iluminar varias estrellas!!!
Cuando concluyó el castigo, la madre llamó al niño para que fuera a tomar la merienda,
y este tomó a Totto, se puso enfrente de ella, y la abrazó. Luego continuó:
- Mami,... ¡perdóname!....
- Estás perdonado… -dijo ella, sin preocupación
- La verdad es que,..Totto te quería decir algo- habló ahora titubeando...
- ¡Uy,..Uy!...no, no… mejor déjalo ,… ya pasó,…ven ,…vamos a comer...- interrumpió
la madre, que ya no quería saber nada de las fantasías de Ian nuevamente. Siempre
había sido un chico muy imaginativo, sobre todo con los cuentos que le contaba ella.Él
los trasladaba a su realidad y los hacía propios, convirtiéndose pronto en un caballero, o
en un príncipe que liberaría a todos del dragón. Así fue como un día hizo asustar a un
pequeño que jugaba tranquilamente en un parque, diciéndole que pronto vendría el
monstruo de las siete cabezas y lo atacaría, pero que no se hiciera problema que él, Ian,
el caballero rojo, lo iba a defender con su espada. Esto asustó tanto al pequeñuelo que
nunca más pudo visitar ese lugar, y desde ese día,cada vez que ve a Ian se pone a llorar.
- No mamá,…. ¡esto es en serio!,... Escúchame,…¡Por favor!- dijo ahora el niño
rogándole
- A ver... ¡qué voy a escuchar ahora...! - dijo ésta, escéptica…
Ian tomó a Totto, lo puso sobre las palmas, y extendió perpendicularmente sus brazos,
luego habló:
- ¡Mira fijamente aquí!,… por encima de mis manos,… ¿Ves?
- No, niño,… no veo nada,.. O sí,…mejor dicho, sólo veo unas manos a las que les
vendría bien una limpieza…- bromeó ella
- Bueno - continuó Ian- ahora sólo debes escuchar lo que Totto te va a decir,.. ¿Sí...?
- Está bien… pero que empiece ya de una vez…
- Tiene que cerrar los ojos - habló el gnomo, tranquilo,...
- ¡Los ojos!... ¿Por qué?- preguntó Ian, ahora desesperado...
- Sólo dile lo que le digo…- contestó el gnomo, seguro de lo que hacía...
- ... Dice que cierres los ojos ma... - le dijo inseguro éste a su madre...
- Ah… ¡No! …. ¡ya te estás burlando otra vez!!-
- No… sólo haz lo que te digo...
- Bien... ¡pero apúrate ya!- continuó ella impaciente, y cerró los ojos...
- Ahora debe relajarse e imaginar que camina por un bosque de pinos altos, muy
altos…- continuó el enano haciendo la pausa para que el niño le transmitiese lo dicho, y
así lo hacía el niño, repitiendo cada palabra que el enano le decía - Luego deberá subir
a un pino con su vista hasta allá arriba, adonde toca con las nubes- agregó Totto- una
vez arriba, bajará lentamente por cada rama sintiendo tocarlas, una por una, hasta llegar
abajo, al tronco que toca con la tierra. Allí se deslizará por una de sus raíces que asoma
sobre ésta, y verá un agujero, grande como una manzana; se meterá en esta cueva
lentamente, primero tocando sus paredes, y luego pisando el suelo oscuro,..¿Me sigues?
- se aseguró el enano…
- Sí, le sigo...- contestó la madre a su hijo obedientemente…
- Bien… ahora tendrá que caminar confiada, sin parar…- dijo seriamente, y comenzó a
cantar una melodía suave y pausada...
- ¿Eso debo cantar yo?- preguntó el niño más confundido que nunca...
- Sí…- dijo tajante Totto, e Ian obedeció, primero inseguro y algo desafinado, y luego
certero y musical. La melodía era profunda y misteriosa, con largos tonos e inesperados
intervalos. El niño la reprodujo maravillosamente, y juntos llenaron el pequeño cuarto
de aquella música, de otro tiempo y otro espacio. De pronto Totto se detuvo, y le hizo
una seña al niño, para que se mantenga el silencio, y no esboce el menor ruido. Así lo
hizo éste con absoluta obediencia, abriendo los ojos aún más ante los múltiples gestos
de su madre, que parecía estar bien, por su forma de mover la boca y de sonreír.
- ¡Sin abrir los ojos!...- ordenó- ¿qué ves ahora?- interrogó el gnomo directamente, sin
necesidad del niño, y sabiendo que la madre lo estaba escuchando…
-¡Uff!! … veo paredes de cristal de maravillosos colores, túneles,… ¡y preciosos
caminos que se bifurcan!
- ¿Qué más?- inquirió Totto...
-¡Enanos, por todos lados! - dijo suspirando- unos muy pequeños... parecen
divertirse… juegan…saltan... se tiran por unos toboganes de cristal que parecen ser muy
patinosos... ¡ohh!! ¡Allí hay mas!... Pero estos trabajan...tienen unos picos muy grandes
en sus manos y los golpean contra una piedra... son más viejos,..¡Tienen barba!
- ¡Continúa!- insistió él...
- ¡OH, que hermoso!!- dijo la madre, más asombrada aún...
- ¿Qué es lo que ves ahora ?
- Montañas de roca, piedra, oro, plata, y raíces que la visten - dijo con la boca abierta de
admiración, bajo la mirada atónita de Ian, que no podía creer lo que estaba escuchando,
y cuál era la intención del gnomo.
- ¡¡Ahora detente, no sigas!- le dijo en forma severa…
- ..¡ Es maravilloso!-… contestó la madre
- Hazme caso ¡te lo ruego! - suplicó Totto... mientras el niño abría aún mas la boca sin
entender.
- No! ¡Esto sigue por acá abajo!! Y es mas lindo aún…! Bajaré por esta cascada de agua
cristalina rodeada de piedras brillantes, es profundo, profundo... ¡pero precioso!-
continuaba la madre sin escuchar, como poseída por la imagen.
- ¡Ya basta! Para aquí!- le gritó el gnomo ahora con dureza…
-¿Qué pasa?- Preguntó el niño asustado...
- Uy!! ¡Qué caída libre!!! - exclamó ella envuelta en su propio mundo..
- ¡Es imposible, ya no la puedo parar! - dijo Totto desesperado, ante los ojos del niño
que no podía creer lo que estaba pasando…
- ¿Qué ocurre? - gritó el niño...
- Schhh!!- Le hizo hacer silencio Totto, como si estuviera oyendo el ruido del agua que
caía sobre la piedra , como si estuviese viendo él mismo las profundidades de las
profundidades de las profundidades, y continuó.. - ...ocurre lo que no debía ocurrir… tu
madre se entregó a las leyes de la subtierra, donde habitan los Throlls, los “gnomos de
la destrucción”, que no respetan nada, y que viven de nuestro trabajo. Nos roban todo lo
que pueden…se han apoderado de la imaginación de tu madre, ¡de su espíritu!
- Dime... ¿qué hago? – quiso saber asustado.
- Sólo recuéstala sobre la cama - contestó el gnomo preocupado...
- Pero… ¿qué pasará?, ¿se va a morir?- preguntó el niño con los ojos cargados de
llanto...
- No… por ahora no… pero tendrá pesadillas terribles, y no despertará hasta que
nosotros hagamos algo - dijo Totto con sabiduría de gnomo...

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