Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 4: Prisión en el valle lacrimoso

¡Había que ver cómo caía Laura, la madre de Ian, en una larguísima cascada
subterránea, y aparecía en el "Valle lacrimoso”!. El susto fue tan grande que apenas
tuvo reacción para salir corriendo, y se quedó como petrificada. ¡Este lugar era tan raro!
… sólo había caminos que bordeaban unos nebulosos lagos burbujeantes. Sus aguas
estaban pobladas de algunos nenúfares, troncos flotantes, plantas acuáticas y restos de
animales muertos que consumían unos horribles peces negros. Eran siete los estanques,
y en seis de ellos había un Throll- barquero, que cuidaba de los tesoros robados que
estaban depositados en el fondo de sus aguas, atados cuidadosamente con raíces
acuáticas para disponer de ellos en cuanto lo necesitaban. En el séptimo no había nada,
sólo el agua helada de su interior que guardaba mil secretos. Era el "lago frío", y los
Throlls le tenían pánico porque consideraban que estaba embrujado. La leyenda de los
Throlls decía que adentro de sus aguas había canales y túneles subterráneos, cubiertos
de plantas purificadoras, y que el que cayera en él, era absorbido y transportado
directamente arriba de la tierra en una nueva forma, convertido en Gnomo servidor de la
paz y del trabajo. ¡Por supuesto que eso no era precisamente lo que los Throll querían!
Este valle era un lugar aterradoramente vaporoso y húmedo, lleno de musgo y hongos
que goteaban constantemente por el vaho de sus aguas. Por eso los que estuvieron ahí, y
vivieron para contarlo, le llamaron "El valle lacrimoso”. Allí se encontraba la madre de
Ian rodeada por sus habitantes, los Throlls, un tanto más grandes que los gnomos
normales, (les llevaban más de una cabeza) espantosamente feos, con grandes orejas,
pronunciadas narices de gancho, voluminoso pelo de alambre, achinados ojos
pequeños,¡ muy pequeños!, una prolongada boca que les llegaba de oreja a oreja, y
¡unas enormes manos y pies! Como característica principal: su torpeza, y su carencia
absoluta de inteligencia. Sólo les interesaba divertirse, jugar y dormir la siesta. Cuando
ella los vio, reaccionó de su inmovilidad, y terriblemente asustada quiso escapar, pero
éstos, que saben de presas y de trampas, le tiraron una red hecha con raíces de fresno , y
se la llevaron a la "Cueva negra", donde estaban todos los prisioneros condenados a la
oscuridad.
Esta cueva era la más temida por todos, y era imposible escapar de ella. Totto la conocía
muy bien. Allí había estado preso durante mucho tiempo. Había sido tomado prisionero
una tarde, mientras pulía piedras preciosas con su fiel amigo Tico. Tico era más
pequeño aún que Totto, pero más astuto; tenía un olfato impresionante, y mientras
Totto, que poseía una gran sabiduría y mucha fuerza, levantaba las piedras y las
colocaba una encima de otra, Tico les daba forma y color con sus manos de artesano.
Esa misma tarde en que a Totto se lo llevaron a la Cueva negra, Tico, que era burlón y
divertido le decía a su amigo...
- Oye Totto... ¿tú no hueles a olor?
- ¿cómo dices?- le respondió éste sin entender...
- ¿Que si no hueles a olor de olores? - continuó Tico girando su cabeza para un lado y
para el otro...
- … No te entiendo...- dijo Totto sin efectivamente entender...
- Mi fea nariz me dice que hay algo apestado,...¡ como a Throll..!
- ... Puede ser… pero tú sabes que los Throll no atacan cuando hay más de uno,...y no
creo que anden tan confiados en la superficie... ¿acaso tienes miedo?
- No... - dijo éste poniéndose de pié - pero algo está podrido... y por lo que veo, no son
tus pies, pues tienes los zapatos puestos...- continuó Tico en tono de burla mientras se
dirigía hacia una roca a unos cincuenta metros de allí...
-... Muy gracioso...! - dijo Totto..., y siguió concentrado en lo que hacía, sin darse
cuenta de que su amigo ya no estaba tan cerca como para escucharle. De pronto, en un
abrir y cerrar de ojos, se encontró con una red que lo atrapaba y lo encerraba. ¡Eran los
Throll! Su amigo tenía razón, y por más esfuerzos que hacía en desenredarse, ya era
tarde. Con gran destreza y rapidez, los Throll cargaron todas las piedras preciosas en
una bolsa, y junto a Totto se los llevaron. Lo deslizaron por la cascada, y lo encerraron
en la "Cueva negra". A las piedras las guardaron en el fondo de uno de los estanques
burbujeantes. Mientras tanto, su amigo volvía saltando de piedra en piedra, en puntas de
pie, para asustar a Totto,…¡ pero grande fue su sorpresa cuando vio que nadie había allí,
que las piedras ya no estaban, y que peor aún, su gnomo amigo tampoco parecía
estar…! En un principio dudó si no era una broma de su colega, pero enseguida lo
descartó, porque sabía que cuando Totto trabajaba, nada era más importante para él, así
que, sospechando lo peor, hizo sonar su "hueso cantarín", para que acudan todos los
gnomos de lugar.
Este hueso hueco del tamaño de una avellana, lo llevaban algunos gnomos colgado en
su cuello para llamar a sus compañeros cuando había algo urgente. Es el hueso del
Zorzal, un pájaro cantor de las tierras del sur, cuyo interior después de muerto, según
dicen las crónicas, sigue impregnado de música por muchos años. Su sonido era suave,
pero muy agudo y sólo ellos lo podían escuchar. Los gnomos de este lugar, siempre
tenían uno a mano y los recubrían con madera de ébano para que sea más claro y
potente. Ante el llamado de Tico rápidamente acudieron todos allí y se reunieron por
largo tiempo para ver qué era lo que hacían. Estaban cansados de que los Throlls les
robasen todo y se llevasen a uno de ellos como presa para después negociar algún
tesoro. Después de una larga discusión, se decidió ir a buscarlo. Sin embargo sólo podía
ir uno , ¡de a varios iban a ser vistos!, y… ¿quién se animaría a hacerlo?, se
preguntaban, mientras se miraban unos a otros. Entonces Tico pegó un grito, y dijo:
- ¡Yo iré! - Y la carcajada fue tan grande que unos topos que andaban por allí, salieron
despavoridos del susto. Es que Tico no era precisamente el más grande, ni el más fuerte,
sólo se le conocía por sus bromas y por su simpatía, pero no por sus actos heroicos. Pero
Zalom, el viejo gnomo, uno de los ancianos mas respetados por su sabiduría, levantó su
bastón de roble y habló:
- Que vaya él… ¡me parece muy bien, pues es su amigo, y lo ha descuidado, así que
debe reparar su acto! ,… y la risa guardadla para otros momentos en que debamos
festejar algo, ahora sólo debemos pensar en nuestro camarada y amigo – concluyó serio,
y se marchó.
El silencio fue total, y cada uno regresó a su lugar de trabajo sin mencionar palabra. Si
bien en el mundo de los gnomos no hay clases ni jerarquías constituidas, hay, sin
embargo, absoluto respeto por los más viejos y experimentados. Ellos mismos se
ordenan por debajo del que más sabe, sin la menor intención de contradecirlo.
Mientras tanto Tico quedaba solo, entre desesperado y triste, entre furioso y meditativo,
pensando y pensando, sin saber en lo más mínimo qué hacer. Era muy difícil acceder al
mundo de los Throlls, nadie conocía por dónde aparecían y por dónde se iban. Quién
sabe cuánto tiempo estuvo él en ese lugar,... ¿un día?, ¿cuatro meses? , ¿Tres años?,…
¡vaya a saber uno!,…. Lo cierto es que Tico aquella vez, tocaba y examinaba todo lo
que encontraba, para ver si había algún rastro de estos malos seres… – Todo huele a
Throll acá,... ¡apesta! - decía con bronca para sí mismo...
- … Tal vez puedas mirar para arriba, en vez de meter tus narices siempre para abajo …
- le dijo una voz suave desde otro lado…
- ¿Quién eres? - preguntó Tico intrigado, buscando la dirección desde donde salía esa
hermosa voz...
- Por ahora no importa quién soy, sólo mira a tu alrededor y dime qué ves en dirección
al Este... - dijo la vocecita misteriosa..
-... ¡Qué se yo! … - dijo el gnomo molesto - plantas, rocas, … un árbol viejo..
- …Uy si empezamos así, poco vas descubrir sobre los Trholls, y mal lo veo a tu gran
amigo Totto- continuó la voz ...
- ¿Es que acaso tu sabes algo?- preguntó intrigado Tico…
- Nada sé que tú no puedas saber... por eso, - continuó la voz...- ¡debes seguir
investigando mi pregunta! -
- Pues,..- dudó Tico – sí... veo... ¡unos Elfos que revolotean constantes arriba de unas
matas con espinas!..., y debo decir que a veces me estorban la vista… ¿qué más puedo
ver ? - preguntó ya desesperado...
- Efectivamente eso, Elfos..., pero… mira ahora al Norte… - propuso la voz, y así lo
hizo Tico girando hacia el otro lado…
- … ¡Todavía más Elfos! – exclamó impaciente.
- ¿Y al Sur?- susurró la invisible voz.
- ¡Elfos!... ¿y qué pasa con ellos?- dijo Tico ya perdiendo la paciencia...
- ¡Tranquilo! ... ahora mira al Oeste...¿ qué hay allí ?- dijo la voz, tranquilizándolo..
- Seguramente mas Elf... - quiso decir Tico... pero nada había allí, ¡ni siquiera un Elfo!...
- Y ¿por qué?- ...interrogó a propósito la voz...
- ... Porque no les gusta ese lugar… ¡claro!- respondió Tico empezando a entender, y
hacia allí se dirigió, al oeste, a unos quince metros del lugar,…y buscó..., y buscó,…¡y
encontró! ¡Ahí había un misterioso camino que conducía hacia abajo!, era más grande
que el de los gnomos, y estaba astutamente escondido entre unas matas espinosas. Los
Elfos, tanto como los Gnomos, no soportaban el olor de los Throlls, y por eso no
estaban allí...
- ¿Eres tu un Elfo? - Preguntó el gnomo, antes de meterse en el pequeño túnel.
- Digamos que sí, mas bien una Sílfide, me gusta más ese nombre... - dijo ésta con
claridad apareciéndose volátil, rápidamente enfrente de Tico - …sin embargo tengo
nombre, y éste es... "Lin"!- agregó con elegancia.
Y así son estos Elfos, Sílfides, como los queráis llamar, "Seres del Aire", seres puros,
etéreos, casi invisibles para algunos, sobre todo para los hombres y los Throlls, pero no
para los gnomos que los reconocen a lo lejos. Andan casi siempre en grupos, y no
soportan el ruido. Entre los Elfos y los gnomos prácticamente no hay comunicación,
pero se respetan mutuamente, y ambos saben de la importancia de cada uno. Los elfos
son fundamentales para la vida del aire, para las hojas, los pétalos de las flores, a
quienes pintan aún mas con su reflejo, un reflejo luminoso y brillante, que cuando es
traspasado por el sol, deja sus colores allí . Viven en los aires, limpiándolos y
purificándolos. Son finos, delgados y alargados, pero se pueden agrandar y achicar
según su deseo. Su forma es como la del humo de la llama de una vela, y se deslizan
con absoluta suavidad…
- Bello nombre - dijo Tico, y dándole las gracias, y despidiéndose, se agachó para
introducirse en el hueco...
- …No creo que llegues muy lejos así, en cuanto te vean los guardias que están en la
salida de este túnel, te atraparán y serás una presa más...- dijo sabiamente Lin....
- Dime entonces Lin,..¿Qué debo hacer? - preguntó Tico angustiado…
- Te ayudaré... me gustas, pero debes hacer lo que yo te diga...-
- Así lo haré...- obedeció el gnomo.
- Bien... te envolveré y te cubriré con mi cuerpo. Con esto te harás invisible y podrás
pasar sin que te vean, pero tendrás que hacer algo para que yo tenga aire, porque las
profundidades tienen poco y nada, y si me falta el aire, me disipo, desaparezco... y
pasaré a ser parte del viento , y me costará mucho volver a ser lo que ahora
soy...¿Entiendes? - preguntó Lin con firmeza...
- Sí... sí, claro… Pero… ¿qué debo hacer? -
- Tienes que respirar más de lo debido, inhalar y exhalar muy fuerte, soplar
constantemente para que no me falte el aire.
- Está bien...- contestó el gnomo, y obedeciendo las indicaciones de Lin, se dejó
envolver por ella y quedó totalmente invisible, y así, juntos, se adentraron en el túnel
que conducía al mundo de los submundos, ¡a la región comandada por los Throlls!.
Efectivamente, en la salida del túnel, hacia abajo, había unos horribles guardias enormes
que cuidaban en cada costado de la puerta. Ambos dormían profundamente, y nada
percibieron de nuestro amigo Tico, que al pasar se inclinó burlonamente en señal de
saludo, y se tapó la nariz por el olor que ambos emanaban.
-Si te sigues haciendo el gracioso y tapando la nariz me dejarás sin aire a mí, así que
más vale que te aguantes el olor y que soples más a menudo - le dijo Lin con severa
calma.
Después de caminar un rato, pasaron por largos caminos de hongos putrefactos y fría
humedad, hasta que llegaron a los siete estanques. Allí vieron a los Throlls -barqueros,
que dormitaban una siesta sombría, bajo la humeante neblina y sobre ruidosas aguas que
no paraban de bullir. Y entre cabezazos de sueño, se levantaban, hacían girar "la piedra
del sol" (robada a los gnomos de las tierras del norte), cuyas propiedades eran conocidas
por contener durante mucho tiempo la luz del sol en su interior, y volvían a dormir. Esa
era su aburrida función. Tico tomó unas seis piedras del suelo, y las fue tirando una por
una en cada estanque que pasaba. El ruido de las piedras en el centro del agua distraía a
los Trholls-barqueros que se dirigían hacia allí, remando con todas sus fuerzas. Esto les
permitió a Tico y a Lin pasar corriendo al borde de cada estanque sin que nadie notase
nada. Aunque no los podían ver, era peligroso, pues una mala respiración de Tico, podía
significar la desaparición de Lin, y con esto, el gnomo ser descubierto. Al llegar al
séptimo estanque no vieron nada, y eso les llamó la atención, pero siguieron hacia unos
enormes acantilados oscuros, con una abertura amplia, en cuyos laterales estaban
parados dos tremendos Throlls-guardias.
- Esa debe ser la Cueva Negra - susurró Lin. Tico se quedó callado un rato, los observó
bien, y mientras soplaba a su amiga, tomó nuevamente una piedra, esta vez mas grande,
y dado que tenía una gran puntería , se la tiró en la espalda al guardia de la derecha...
- Parece que te gustaron las piedras - ironizó Lin - pero ¿qué es lo que pretendes? -
preguntó…
- Nada nuevo... ya verás...- contestó Tico, y enseguida, aprovechando una distracción,
tomó otra piedra, y se la tiró al guardia de la izquierda que instantáneamente reaccionó
frente a su compañero de trabajo…
- Ya quieres dejar de molestarme - le dijo enfadado el Throll-guardia de la izquierda al
de la derecha..
- El que molestas eres tú, que me tiras piedras por la espalda ¡renacuajo!- le respondió el
otro ofendido….
- ¿Me estás diciendo a mí renacuajo?- volvió a hablar el de la izquierda... ¡ya verás lo
que te espera!- y ahí nomás le propinó un golpe certero en la cara, tan fuerte que lo
derrumbó por el suelo… ¡Y cuando un gigantón cae, hace mucho ruido! Enseguida se
levantó éste, y le devolvió el puñetazo en la panza, ¡derribándolo más lejos aún! Y con
esto, la consecuencia justa a esta forma de discusión, aquello que precisamente Tico
quería: ¡Una pelea terriblemente violenta que hizo temblar las paredes de la Cueva
Negra y partir la puerta de entrada, en un choque frontal de uno de ellos, hasta caer
desmayados al suelo! Sin pérdida de tiempo se acercaron Tico y Lin y se metieron
dentro de la Cueva. Tuvieron que tomar una piedra luminosa de la mano de los Trhollsguardias
caídos, para ver hacia adentro, porque todo era terriblemente oscuro , mojado y
pegajoso. Las paredes goteaban humedad y frío, el piso era de un musgo terriblemente
patinoso, y el aire rancio y maloliente. Caminaron un buen rato adentrándose más y
más, hasta que Lin le dijo a Tico...
- Debes soplar fuerte, porque ya no puedo aguantar ni el olor ni la falta de aire...- .. y así
lo hizo el pobre Tico, que, exhausto , cayó rendido en el suelo mojado...
- Ya no puedo más, ¡no tengo más aire! - alcanzó a decir entrecortadamente Tico,
cerrando los ojos del agotamiento...
- No... ¡No te detengas! - le gritó Lin... - ¡debes seguir soplando!- Pero ya Tico apenas
tenía aire para él mismo...
- ¡Tico! - gritó Lin...- ¡Tico! - ... y cuanto más lo hacía, más se iba separando de él, y
empezaba a disiparse...
- ¡Lin!, Lin! ¡No me dejes! -… se desesperó el gnomo con lágrimas en los ojos..-
¡Liiiin! - gritó... pero ya era tarde, el aire del lugar era escaso, y Lin ya no podía
aguantarlo. Entonces se originó un fuerte remolino alrededor de él, que salía
rápidamente, primero hacia afuera de la cueva, y luego hacia arriba de la tierra, por
cráteres y huecos subterráneos. Lin, o lo que quedaba de ella, dejaba su ser-Sílfide, para
pasar a ser parte del viento...quién sabe por cuánto tiempo. De pronto un silencio
invadió el lugar oscuro. Tico recobró su forma de gnomo, se hizo perfectamente visible,
y entre triste y agotado, prosiguió su camino, hasta divisar una cantidad de gnomos que,
bajo una tenue luz, trabajaban incansables en la elaboración de muebles de piedras para
los trholls, y otras cosas para sus confortables hogares.
A los Trholls les gustaba vivir bien…con lujos. Tenían, al contrario de los gnomos, un
sistema de clases y jerarquías. Estaban los muy ricos, y los que apenas poseían algo y
trabajaban como esclavos. El más ambicioso debía decir qué codiciaba, y si lo que
deseaba, lo conseguía, por los medios que fueran…entonces era elevado a un rango
superior. Por esto, vivían peleándose y disputándose las posesiones, y sus contiendas
eran de temer. Gritaban, gemían, hacían temblar el suelo, y las piedras volaban por los
aires. El que perdía debía descender a clases muy bajas, y empezar de nuevo. Las casas
de los ricos eran de todo tipo de piedras preciosas, desde Amatistas, hasta Diamantes.
Sus jardines brillaban con "Cristal de roca" y "Lapislázuli", una piedra que por la noche
brillaba completamente azul. El día y la noche no se distinguían tanto por su luz en el
aire - la luz del sol y de la luna traspasaban por los túneles, cuevas y grietas-, sino por lo
que irradiaba en sus piedras. Estaban las piedras de sol, y las piedras de luna, las que
resplandecían con el día, y las que relumbraban por la noche.
Uno de los tantos - unos 26 gnomos en total - que allí estaba, y que tenía un pico muy
pesado en sus manos, levantó la cabeza con resignación, para ver quién de esos
horribles seres se aproximaba . Mientras se limpiaba la frente con su manga sucia y
rotosa, y se frotaba los ojos mojados, susurró suavemente…
- Ey!... ahí viene alguien,.. ¡Cuidado! - pero Totto, que estaba atento a todo... miró bien
hacia el fondo, y reconoció a su fiel amigo Tico …
- ¡Tico! ¡Tico!! – gritó… y corrió hacia él para fundirse en un abrazo... tal vez el abrazo
más largo en el mundo de los gnomos, y por qué no, de los humanos también. Los que
allí estaban, todos gnomos, y algún que otro distraído topo que había ido a parar allí
como burro de carga, miraban atónitos y confundidos. Enseguida, después de tanto
apretujón, Tico les contó a todos cómo había llegado, y cómo debían salir lo mas
rápido posible, dado que los guardias se despertarían en cualquier momento.
Prontamente se organizaron, tomaron unos picos, palas, martillos, raíces, y piedras
luminosas, las cargaron en tres carros, se subieron a ellos, y con la ayuda de los topos
que tiraban de adelante, emprendieron el camino de regreso. Cuando llegaron a la puerta
de salida, estaban allí los guardias parados, esperándolos. Rápidamente, bajo la
dirección de Tico y la fuerza de Totto, les dieron la orden a los topos de que no parasen,
y con un grito de ¡arre!, empezaron a dar vueltas a gran velocidad alrededor de los
guardias, que miraban confundidos esa especie de carrusel que se había formado. Estos
tontos guardias no se percataban de que sus pies eran atados firmemente con sogas de
raíces, y que cada vuelta de carro alrededor de ellos , lograba anudar más sus torpes
patas, hasta hacerlos caer estrepitosamente en el suelo. Luego se tiraron todos encima, y
les ataron las manos firmemente a los pies, lo que impidió todo movimiento posterior, y
así iniciaron el retorno, por el camino desde donde habían venido. Era de esperarse que
tanto tumulto de enanos caminando por la región de los Trholls no pasara
desapercibido, y enseguida fueron divisados por los Throll-barqueros, que dieron la
señal de alarma. Con esto comenzó una persecución en el Valle Lacrimoso, que puede
haber durado días enteros, según nuestra visión del tiempo, hasta que por fin, fueron
rodeados entre dos estanques sin tener escapatoria. Sin embargo , cuando ya estaban
resignados y agazapados para dejarse apresar, un grito de un Throll enorme llamó la
atención de Tico …
- ¡Cuidado! …¡que no se tiren al estanque de aguas frías!!... -Y nada mejor que a uno le
avisen lo que no debe hacer en estos casos ... y nada mas fácil que saber cuál de todos
los estanques era el de aguas frías, pues todos los demás burbujeaban, y estaban con
barcazas encima de sus aguas, mientras que éste no poseía nada. Así pues se escuchó a
30
Tico gritar…
-¡Al agua! - y se zambulló para que lo siguieran, y así lo hicieron rápidamente todos, a
excepción de los topos que titubearon un largo rato, pero ante la desesperación, tuvieron
que soltar los carros que sostenían con sus dientes y tirarse, a pesar de que el agua no
era uno de sus elementos preferidos.
Lo que pasó en el interior de esas aguas, ninguno de los que allí estuvieron pudo
contarlo. Sólo se vio desde afuera, bajo la mirada estupefacta de los Trholls, un
remolino gigante en forma de embudo, que los tragó y los introdujo en las
profundidades. Pero así como entraron, salieron raudamente hacia arriba de la tierra, por
unas fuentes que, como si estuvieran atragantadas, los despedían a todos de un
escupitajo. Y así cayeron, unos arriba de otros, en un pequeño charco que formaba una
roca honda. ¡Que alegría ver el cielo enorme sobre sus cabezas!,… el aire puro afuera, y
un par de rayos crepusculares de un sol que se abalanzaba sobre el horizonte. Después
de festejarlo con saltos, gritos, bromas y demás cosas de gnomos, tomaron su hueso
cantarín, y llamaron a sus compañeros que velozmente acudieron a la fiesta... y cuando
los gnomos festejan... ¡hasta la Luna ríe! ...A pesar de esto, Tico no podía dejar de
pensar en su amiga Lin. - Debo hacer algo para rescatarla del viento - se decía para sí.

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