En la subtierra, en otro tiempo y otro espacio, sobre la Meseta Florida, los Throlls del
norte iniciaban el ataque hacia el precipicio. Minus, junto a sus compañeros atados,
esperaban a la horda que venía a toda velocidad. Las enormes bocas abiertas en un grito
estremecedor, las manos arrugadas, alzadas a lo alto empuñando armas, y la estela sucia
de saliva y polvo que dejaban a su paso, provocaba el peor de los escenarios.
- …Éste es el fin de los gnomos - dijo Tómas desde lejos, cuando faltaban apenas unos
metros para que éstos fuesen arrollados por la turba de monstruos. Y en ese mismo
instante, Minus pegó el grito, justo y preciso, exacto y acertado...
-¡Ahora!- dictaminó con toda su fuerza concentrada en ese pequeño y astuto cuerpo. Y
juntos, todos juntos, como si hubieran ensayado durante días, como profesionales de la
acrobacia y la destreza, pegaron un salto, ¡tal vez el salto más alto que se haya visto en
el mundo de los gnomos! Y como una columna sin peso, impulsada por el aire, se
elevaron, dejando pasar a los Throlls por debajo. Éstos, que venían a toda velocidad, no
pudieron frenar el envión. Y a consecuencia de ello, estos monstruos siguieron de largo,
cayendo al precipicio entre gritos y quejidos.
Ya de regreso del salto y en el suelo firme, los gnomos apenas podían creer lo que
habían logrado. Menos aún los espectadores pasivos, Tómas, Alan y Sébas, que habían
pensado en el fin de todos ellos. Era curioso ver a los Throlls en el aire revolotear sus
brazos, y querer agarrase de algo que no estaba. Tiranius era el más desesperado de
todos, y sus gritos hacían ecos atormentadores.
- ¡Hurra, bravo, viva! - festejaron todos al unísono, mientras veían cómo los temibles
tres se acercaban hacia ellos para desatarlos. Ian recién despertaba del desmayo, y
apenas podía correr, pero con la ayuda de Alan que lo cargaba del brazo, pudo llegar por
fin cuando ya estaban todos desatados. Y con la alegría de estar vivo, suelto y libre, y de
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descubrir a sus amigos, Ian se abrazó con ellos, mientras los gnomos observaban
extrañados. Pero el más asombrado era Ian, por la estatura de Tómas.
- ..No te extrañes por el tamaño de Tómas… ¡de tan bruto, tan grande!! - ironizó Sébas.
Sin embargo Tómas no le contestó en el momento, y solo se limitó a levantar a Ian con
la palma de su mano, a ponerlo frente a sus ojos, y a guiñarle el ojo.
- … ¡A las pulgas hay que aplastarlas... – dijo, mientras levantaba el pie e intentaba pisar
a Sébas…
- … ¡Noooooo!..- Gritó Alan...-¡estáis locos!!
- ¿Quiénes son ellos ?...- preguntó uno de los enanos.
- Son humanos…- contestó Minus, mientras observaban el vacío y veían con cierto
vértigo, dónde habían ido a caer los Throlls - … vinieron a liberar al humano que estaba
en la caldera…- agregó, y después de un respetuoso saludo entre gnomos y humanos,
quisieron acordar qué era lo que debían hacer. Y lo que comenzó como un murmullo
suave, terminó en un vociferío ruidoso entre gnomos, que dejó a los humanos atónitos,
por la particularidad de su idioma. Sobre todo llamaban la atención esos tres, Negatius,
Sustus y Sensato, que gesticulaban incansables su verdad sin reparos.
- …Yo... Preferiría estar atado… - decía Negatius…- ahora nos van a agarrar de a uno,
y vamos a estar peor…
- … No digas eso Negatius…- se sumaba Sustus temeroso otra vez...- ¡que me da el
pánico!!!
- Ni una cosa, ni otra… lo mejor será que nos escondamos por un tiempo hasta que ellos
se vayan…-se anotaba Sensato sin compromiso..
- .. Pero... ¿Qué dices ?..- gritaba Negatius.
- Nos van a descubrir… ¡tengo miedo!
- ¡Basta!..- determinó Minus en su idioma, asombrando a los cuatro humanos por su
autoridad en pequeño…- Los humanos, pueden ir en busca del Corazón de la Tierra, y
nosotros iremos a apoyar a los nuestros, a la Colina Alta.
-Lo mejor será que nos acompañe uno de vosotros para guiarnos hacia algún
escondite...- dijo Ian, ya recuperado y lúcido. Y así lo dispusieron. Sensato los
acompañaría hacia una cueva secreta, que él conocía.
Se dividieron ambos grupos, y Minus se dirigió con los suyos hacia la Colina Alta,
mientras que los temibles tres, Ian y Sensato iban hacia la Meseta Florida en busca del
Corazón de la Tierra. Allí estaba el mismísimo Tuzal en su castillo, que de tan
entretenido que estaba en su balcón orientado hacia la Colina Alta, ni se había enterado
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de la escena ocurrida en el precipicio. Los Throlls no habían mencionado nada del
escape de los gnomos atados, por temor a represalias. Ian, Alan, Tómas y Sébas, junto a
Sensato, se instalaron en la cueva secreta a unos cien metros humanos - mil metros más
o menos de los gnomos - de su objetivo: el Corazón de la Tierra. Y junto a éste se veía a
dos guardias-custodios, cuyos rasgos físicos impresionaban a cualquiera. Uno tenía una
oreja tan grande como toda su cabeza, y otra de tamaño normal. La oreja grande estaba
sorda, la normal podía oír lo que sucedía a varios kilómetros. Su nombre era Orejio. El
otro tenía una nariz de gancho enorme, con dos inmensos orificios, se llamaba Nazio, y
tenía un enorme olfato. Ellos eran brutos como todo Throll, pero los mejores en el arte
de descubrir olores y ruidos, y por eso Tuzal, después de la mala experiencia que había
tenido con Thrill y Thrull, los había puesto allí sabiendo que nada se les escaparía.
-Tenemos que ver la forma de disuadir a esos dos monstruitos que están allí - dijo
Sensato observando por un agujero.
-¿Dónde?- preguntó Tómas levantándose de golpe y golpeándose la cabeza ya llena de
chichones…- ¡ay…!
-Allá, ¡pedazo de alcornoque…!- le enseñaba Sébas con su pequeño dedo, mientras
pensaba en un plan, y comenzaba a elaborarlo.
- Ah… allá…. Ya mismo voy y los aplasto, como “supermastodonto” contra los malos,
y me llevo el Corazón de la Tierra…- reaccionó Tómas primitivamente…
- Ah… ¡pero que inteligencia la tuya!…- ironizó Sébas…- ¡realmente me asombras día a
día…!
- Has visto…- contestó éste orgulloso…
- Eso no será bueno…- habló Sensato con naturalidad…- adentro del castillo hay
muchos Throlls, con todo tipo de armas, que están apuntadas al Corazón de la Tierra…
- ¿Qué piensas ?... le preguntó Alan a Ian.
- …Tal vez Sébas pueda ejecutar uno de sus tantos inventos para distraer a esos dos…-
contestó Ian, y mirando por la abertura hacia los custodios, vio la gigantesca oreja de
uno (aunque sorda…), y la dilatada, extensa, y amplia nariz con agujeros como cuevas
profundas que tenía el otro, y agregó – Habrá que ser cuidadosos…
- Así es…- corroboró Sensato…- creo haberlos visto a los dos, antes de ser asignados
para el cuidado del Corazón…
- ¿Qué se te ocurre…?...- le preguntó Ian a Sébas, mientras veía que éste investigaba los
pedacitos de raíces, y restos de la tierra.
- Haremos un preparado oloroso…- luego llamando a solas a Sensato, le preguntó si se
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podía hacer fuego en ese lugar…, y éste le contestó que sí, y le contó cómo los gnomos
herreros pintan ciertas piedras con algo parecido al fuego, y les dan color con ello.
También le explicó cómo ciertos rayos de sol, que atraviesan por las grietas de la tierra,
o por los agujeros de los topos y otros animales, son rescatados en las esquinas de las
cuevas.
- … Los enanos de la luz llevan recipientes de hierro, y encierran su luz allí, que es tan
potente, que se convierte en fuego intenso en cuanto sale hacia fuera – y agregó - ...El
oro mismo es sol amontonado… sólo hay que darle forma…
- ¿Y qué debo hacer? – preguntó Sébas.
- Buscaremos restos de sol desperdigados por la cueva…- dijo Sensato, mientras Alan,
Ian y Tómas juntaban pastos secos, restos de huesos y estiércol de vaca, por indicación
de Sébas, y formaban una pila grande. No mucho tiempo después apareció Sensato con
los rayos de sol acumulados en una piedra hueca, que estaba tapada por otra piedra
común. Y sosteniéndola con las dos manos cuidadosamente, la depositó sobre el suelo, y
la empezó a golpear con una roca firme. No tardó en salir una chispa, y luego otra, y por
fin la piedra empezó a entrar en ebullición, hasta lograr encenderse en una pequeña bola
de fuego, a la que le tiraron parte de los pastos y las hierbas secas, logrando finalmente
llenar el espacio de humo.
- ¡Qué olor! – dijo Tómas tapándose la nariz…- ¿quieres llamar la atención?
- … Eso quiero…- respondió Sébas, mientras se cubrían el rostro y se retiraban a un
claro para no ser invadidos por el humo, que empezaba a salir por las ventanas de la
cueva. El gas de la boñiga de vaca mezclado con excrementos, huesos y pastos, producía
un olor insoportable.
No tardaron mucho en notarlo Orejio y Nazio.
- Oye Orejio… ¿no sientes un rico, rico olor?-preguntó Nazio a su compañero.
- No… sólo escucho un ruido extraño, como de chispas – dijo Orejio y se dio vuelta para
ver de dónde venía tal sonido. Rápidamente vieron el humo que salía a unos cien metros,
y después de discutir cuál de los dos se dirigía hacia allí, resolvieron jugarlo a la suerte.
Esto consistía en tirar unas piedras hacia arriba, que no sólo debían llegar lo mas alto
posible, sino que tenían, además, que caer sobre la cabeza de alguno de los dos; el
golpeado, ganaba, y podía ir hasta la gruta, donde se escondían los temibles tres, junto a
Ian y Sensato. A los dos les atraía la idea de ir, a Nazio, porque el olor a podrido
quemado era para él un perfume exquisito, y a Orejio, porque se aburría de estar parado
todo el tiempo sin hacer nada. Y así lo hicieron, y no con mucha inteligencia, puesto que
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la lanzada de las piedras los tiró al suelo a los dos, y cayeron desvanecidos.
- ¿Qué están haciendo? – preguntó Tómas…
- Han jugado a su juego favorito – contestó Sensato – pero…, la inteligencia no es su
fuerte, y por ahora están desmayados en el suelo.
- Ah… ¡entonces son de la escuela de Tómas!…- dijo Sébas burlándose.
- ¿De qué escuela?- preguntó Tómas ingenuo.
- …De la escuela de tontos anónimos… - contestó éste riéndose, mientras se escondía
rápidamente para no ser pisoteado…
- ¡Basta! – dijo Alan, debemos aprovechar esto, uno de nosotros debe ir para allá…
- ¡Yo!…- dijo Tómas.
- ¡No!... Tu tamaño es muy llamativo – habló Sensato, sensato.
- … Entonces iré yo – dijo Ian – sólo protéjanme en el caso de que consigan verme los
del castillo del rey Tuzal.
- Así lo haremos…- aseguró Alan.
- Cuídate, que no te vean –le habló Sensato con profunda seriedad -. Toma la piedra con
delicadeza, si se te cae estamos todos perdidos. El Corazón de la Tierra ya no aguanta
más, y de seco que está, si cae se partirá en pedazos, e instantáneamente empezará a
secarse el mundo, y ya no habrá salvación.
Y hacia allá se dirigió Ian con miedo y preocupación, pero con alguna esperanza de
lograr su objetivo.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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