Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 32: Danza de Throlls, danza de lucha.

Al borde de la Colina Alta estaba ya el ejército de Throlls, seguido por los gnomos de
Minus que quedaban a varios metros detrás. Con sus armas en alto, el ejército de Tuzal
se preparaba para subir a la colina y entrar en combate con los gnomos de Craco. Sus
espadas brillaban y relampagueaban incesantes entre sí, mientras ascendían
mágicamente hacia los gnomos allí parados, que miraban absortos e inanimados el
acontecimiento.
- … ¡El fin del mundo se nos viene encima!!- exclamó uno de los de Craco encandilado
por la imagen.
- Así parece...- dijo Craco resignado…- será cuestión de aguantar con el plan B…- y sus
palabras recorrían todas las expresiones de desconcierto posibles de los demás gnomos,
que secreteaban miedos y sorpresas. El plan A era el que habían desempeñado con los
anteriores Trholls, y consistía solamente en dar saltos en alto, esquivando los golpes,
logrando que ellos mismos se pegasen, y confundiéndolos hasta lograr su propio enfado.
Esto había funcionado muy bien, pero con tanto Throll este procedimiento no serviría.
Entonces desarrollaron el plan B, que era mucho más complicado, y lo ensayaron
durante horas mientras esperaban en la colina. Se trataba de una coreografía que había
que ejecutar elegante, rápida y eficazmente.
- … ¿Cómo era que había que hacer…? – preguntó Distraído - … ¿diez pasos para
atrás?,… ¿dos para adelante?… ¿cómo era…?
- … Tambórilo te lo hará saber…- dijo Craco con cierta ternura hacia este enano que
siempre se entretenía con otra cosa a la hora de escuchar.
Apenas dicho esto, se vio la avalancha de Throlls doblando la curvatura de la colina,
presentándose uno a uno en la horizontalidad. Avanzaban ansiosos hacia los gnomos,
como una especie de fuego sin llamas, chocando sus espadas como ritual de apertura de
un combate injusto. Cuando llegaron a unos metros, donde ambos bandos se podían
percibir, Terriblus, el jefe, gritó…
- ¡Renuncia, gnomo! … renuncia a la lucha, si no quieres verte hundido en la tierra
como lo que sois,… ¡Hongos!!- y la risa estalló escalonada de este a oeste por toda la
colina. Sin embargo Craco pudo contener el temple y la firmeza, y les contestó…
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- ¡Los estamos esperando!-…mientras le hacía una seña a Silbo, el enano músico, para
que hiciera sonar el hueso de zorzal cantarín, con la intención de que se colocasen todos
al unísono en línea recta enfrentando a los Trholls. Eran tres sonidos largos que se
distribuían en todo el espacio, y les daban tiempo para desplazarse con armonía en una
misma raya, quedando como frente paralelo a los invasores, que observaban
desconcertados la simpática danza.
- ¿Qué están haciendo…? – preguntó un Throll…
- …Preparándose para la derrota…- contestó Terriblus, que aún así se maravillaba de
que sus adversarios, en total inferioridad de condiciones, estuvieran tan tranquilos.
Sin embargo la realidad era otra. Los gnomos no sabían cómo disimular el cosquilleo de
la duda, y el temor de tener que luchar con semejante cantidad de seres que los
superaban en tamaño, fortaleza, y armamento. Algunos, disimuladamente, agachaban su
miradas, impresionados por ese terrible cuadro.
- ¡Sí que son feos! – dijeron casi todos juntos, y ahora la risa estallaba de este lado, del
lado de los gnomos, de oeste a este, tal vez nerviosa, tal vez insegura, o tal vez sólo
como estímulo para darse cierto respiro a tanta tensión y para confundirlos…,
- … Terminemos con esto…- dijo Terriblus fastidiado por la burla- ¡Por nuestro rey
Tuzal…!- bramó, elevando la espada en señal de ataque…- ¡hacia ellos!...- ordenó, y en
carrera hacia delante, todos respondieron lanzándose hacia los gnomos con gran
violencia. Iban distribuidos en perfectas hileras horizontales, y en cada una de ellas,
había unos cien Throlls enfurecidos.
- ¡Ahora es tu turno Tambórilo…! – le dijo con firmeza Craco…y Tambórilo, cuya
función siempre había sido la de golpear el tambor en horas de trabajo para motivar a los
enanos, o para llamarlos a descanso, tomó su tronco de Cedro hueco, y con la punta de
un palo que estaba tallado en su extremo en forma redonda, comenzó a tocarlo en ritmos
pausados…
Dum, dum, duuum
Dum, dum, duuum
Dum, dum, duuum
Dum, dum, duuum…
y con una pausa que se extendía en el eco, continuó…
Dum, dum, duuum
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Dum, dum, duuum
Dum, dum, duuum
Dum, dum, duuum…
Y luego otra pausa… y el golpeteo encontraba a los gnomos también
en filas horizontales preparados para la ocasión. Y guiaba y dirigía con el mismo ritmo,
los pasos cortos y los largos, cual tribal baile de algún antiguo rito. Sin embargo los
gnomos no iban hacia delante, sino hacia los costados, abriéndose en dos mitades, como
una soga que es tironeada por los extremos y cortada en el medio… o sea, toda la fila
distribuida de este a oeste, se partía por la mitad, como para dejar pasar a los atacantes
por el medio, que seguían de largo y se confundían ante tal coreografía. (Dibujar la
forma coreográfica...) Desconcertados los Throlls, se dividían en dos grupos y atacaban
hacia los costados, unos hacia la izquierda y otros a la derecha, pero los enanos de
Craco, más rápidos, más ágiles y más astutos, se abrían en dos líneas verticales hacia
delante, haciendo correr aún mas a los monstruos, que eran lerdos de movimiento. Y
esto no terminaba allí, pues el ritmo de Tambórilo era perfecto, y en cuanto los
monstruitos se acercaban, comenzaba con otro ritmo más rápido, y los gnomos, ahora
delante de ellos, volvían a formar una sola línea horizontal, para luego partirla en el
medio, en una franja sola ( dibujar esto..), entre medio de ellos, y volver nuevamente
hacia atrás…
- Idiotas… ¡se están riendo de nosotros!- gritó Terriblus agitado- ... ¿No os dais
cuenta?… ¡Hay que estar preparados!, ¡ahora se abrirán de nuevo!… hacia allí iremos, y
los sorprenderemos… - dijo dando la orden, sabiendo que pronto vendría una nueva
coreografía, que los intentaría confundir nuevamente.
- … ¡Divídanse, y prepárense… para atacar!, ¡tontos…!- Pero tan ingenuos no eran los
enanos, y en cuanto estos atacaron abiertos en dos grupos, comenzaron a correr en una
línea por el medio, como escapando hacia delante. Y así siguieron, hasta ver a los
enanos de Minus llegar, que enseguida se sumaron a ellos. (Dibujar otra vez...) Y
después de saludarse, Sustus gritó:
- ¡Escapemos!
- Nos atraparan de todas formas – dijo Negatius.
- ¡No! - dijeron Minus y Craco al unísono…
- Debemos entretenerlos un rato hasta que rescaten el Corazón…- habló Minus, y
continuó – Hacia allí iban ahora los humanos con Sensato.
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- Pues no son todas malas noticias…- se animó Craco – ¡continuemos con la lucha! -
ordenó, y juntos resolvieron volver en una sola línea.
- … No los sigáis… volverán…, no soportarán haber huido… ¡Los esperaremos! –
gruñó Terriblus, y como conociendo la esencia de los enanos, como sabiendo que era
muy extraño que un gnomo escape sin haber cumplido su objetivo, mandó agazaparse,
formando un enorme círculo abierto que cubría casi toda la colina. No estaba
equivocado. Los gnomos volvían renovados con los enanos de Minus, ondeando como
una gran serpiente. Iban directo hacia el lugar central del anterior enfrentamiento, como
si todavía tuvieran que demostrar algún orgullo no manifiesto, y conservaran fuerzas
para vencerlos. Sin embargo esta vez los Trholls fueron más listos, y cuando la fila de
gnomos avanzaba presurosa y entusiasta hacia la colina, ellos, que algo todavía sabían
de disputas, se levantaron rápidamente y avanzaron en forma circular, logrando con esto
rodearlos y encerrarlos en el centro a todos. De esta forma quedaron las huestes de
Craco y Minus, en total confusión, en el medio de una horrible ronda.
Y ahora sí, no había más salida. ¿Qué hacer? – se preguntaban los gnomos de Craco y
Minus, y Craco y Minus también. Las miradas de los monstruos penetraban en los
pequeños cuerpitos de esos enanos que se veían casi perdidos, y recurrían al silencio
ante tal desconcierto. Y este mismo silencio se impuso por unos segundos que fueron
eternos para todos. Las manos de los Throlls a la cintura, presentaban un panorama
arrogante y provocador, y los rostros de risa pícara y malsana, asomaban un angustioso
cuadro de pesadillas múltiples. Se creían victoriosos, y no estaban lejos de serlo. Eran
muchísimos más que ellos, y los doblaban casi en tamaño. Además, Terriblus se jugaba
todo allí. Su victoria significaba el magnífico premio a ascender de rango en el duro
escalafón de la corte de los Throlls.
- ¿Qué haremos ahora? ...pensaban concretamente Minus y Craco. Hasta ahí habían
ensayado distintas coreografías para distraerlos, pero ahora ya no tenían recursos, ni
espadas, pues muchas estaban rotas y se romperían ante la solidez y la dureza de las
enormes espadas de cristal que traía el enemigo. Sólo quedaba luchar con lo que tenían,
sus brazos y sus manos, pero esto, por supuesto, no era suficiente… y en esos
pensamientos fueron sorprendidos. Una danza particular y llamativa empezaba a dar
vueltas alrededor de ellos. Se movían en círculos, y de cada tres pasos que ejecutaban,
giraban en sí mismos, levantaban sus armas en alto, y gritaban juntos: - ¡Tuzal, Tuzal,
Tuzal! Era la danza de la victoria, la de la última batalla, cuando ya el enemigo estaba
aniquilado. ¡Y esto sí que impresionaba! Había que verlos con sus caras alargadas,
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abriendo esas enormes, espaciosas y extensas bocas. Había que verlos en el campo de
batalla, encorvados, doblados en su arrugado y resquebrajado cuerpo. Y había que
verlos, en ese ocaso de la forma, en esa arrinconada musculatura que concentraba todo
su ridículo odio y su natural resentimiento. La destrucción era su esencia, la muerte su
semilla, la descomposición su nuevo brote. Así eran ellos, siempre esperando algún
conflicto, alguna pelea, algún nuevo trance que argumentase su existencia.
- ¡Acabemos con ellos!... Al ataque! - ordenó su jefe sin dudar, y con ese estímulo
atacaron sin piedad hacia los desorientados gnomos que se miraban entre sí, tal vez
esperando una orden nueva, un gesto de sus jefes Craco y Minus. Y aunque se lanzaban
dispersos y desordenados, enseguida los tendrían en sus narices.

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