Por

José Martínez Zuviría

miércoles, 17 de diciembre de 2008

Capítulo 34: ¡Extraños en la casa de Laura!

En la mitad de la noche Carla abrió los ojos, y fue a despertar a Trinidad. Escuchaba
voces, gruñidos inentendibles por todos lados…
- Maestra… Maestra… ¡despierta…!
- … Sí…sí... ¿Qué pasa?..
- … Tengo miedo… hay ruidos… ruidos raros…- dijo Carla abrazando a la maestra, que
se acercó a la ventana a ver si estaban los Throlls... Y efectivamente ahí estaban. La
noche los convocaba. Corrían por las calles, jugaban, reían con las cabezas de animales
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muertos, tirándoselas unos a otros. Estaba lleno de ellos, pero la gente no los veía. A
través de la ventana, se podía ver cómo algún que otro mendigo olvidado en el tiempo y
el espacio, revolvía bolsas y restos, pasaba delante de ellos sin verlos. Y ellos, los
Trholls, burlaban su paso, lo imitaban, y le entorpecían el camino.
- ¡Son horribles!..- dijo Trinidad…, y lo peor de todo es que están aquí, merodeando
nuestra casa…huelen algo…
- …Estoy asustada…- le dijo otra vez Carla..
- … Yo también…- confesó ella…- pero con esto no logramos nada. No sirve estarlo…
¡Hay que actuar!
- ¿Qué haremos?...
- … No lo sé,.. Ojala llegue la mañana, ella limpia todo. Ellos son seres oscuros…no
soportan el sol, me dijo aquella vez Totto…- y cuando estaba diciendo esto, escucharon
risas…gruñidos… quejidos, chirridos y otros tantos sonidos extraños debajo de la puerta
de entrada. La casa de Ian y Laura estaba en un apartado de la calle principal del pueblo,
y yacía sobre una loma. Debajo estaba el sótano. Los Trholls parecían haber llegado
hasta allí, porque desde el piso de la casa se escuchaba cómo revolvían todo. Cuando
Trinidad se asomó por la mirilla de la puerta, vio que uno de ellos intentaba entrar,
buscando huecos.
- Cierra todo herméticamente- le dijo Trinidad a la niña - …tapa todo espacio posible
debajo y a los costados de las puertas y ventanas. Por lo que me contaba Totto, ellos
distinguen olores, y como si fueran atraídos por estos olores, atraviesan todo. Pueden
franquear todo pequeño agujero por donde entre un poco de aire o de luz. Tal vez Laura
e Ian tengan olores conocidos, y vengan a por ellos.
Y todo esto sucedió como Totto decía. Rápidamente los Throlls empezaron a fisgonear
los huecos, y a asomar sus narices para descubrir olores.
- Tráeme ropa, abrigos, todo lo que puedas! – le dijo Trinidad a Carla, susurrando,…- y
empieza a tapar todos los agujeros… ¡Corre!!!- le ordenó esta vez, al ver que Carla
comprensiblemente asustada, titubeaba en la acción. Y así lo hicieron. Enseguida
comenzaron a tapar todo lo posible, incrustando la ropa entre el marco y la puerta,
apoyándola a los bordes de la ventana, tirándola sobre todo pequeño orificio que
permitiese que estos seres entren.
- Aquí huelo un particular olor…- decía un Throll, mientras algunos reían y otros
gruñían…- … ésta es la casa que buscamos,… el rey Tuzal nos premiará por esto…-
rieron una vez más…Y llamaron a más Trholls que iban viniendo de a poco. Y juntos
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danzaron una danza oscura antes de entrar, mientras Trinidad los observaba por la
mirilla, sin palabras, sin voz, y sin aliento…
-… Están por entrar…- dijo en voz alta…y corrió a la cocina a tapar la salida de aire…
Pero… llegó tarde,… allí asomaba un pícaro, malvado Throll, que agachaba su cabeza
para meterla entre la rejilla y deslizarse por ahí.
- Toma el violín de Ian, Carla…! Gritó Trina desesperada, con toda su fuerza...-¡toma el
violín, y toca sin parar!!…
“Los Throlls no toleran la belleza, si tienes un instrumento al lado, hazlo sonar, esto los
espantará por un tiempo”- le había dicho Totto.
Y Carla, aún sin entender, entre temblores y miedos, corrió hacia el cuarto de Ian,
desenfundó el violín, y estremecida y asustada, tomó su arco y ajustó las cerdas que
estaban flojas, mientras Laura veía que uno de ellos ya estaba adentro, y otro, entre risas
y chirridos comenzaba a entrar.
- ¡Apúrate, Carla…!- exclamó ahora desesperada, al ver que ya se asomaban un tercero,
y un cuarto. Y ahora la niña colocaba la parte trasera del violín en su hombro, y tomaba
con su mano izquierda el otro extremo que apenas podía mantenerse quieto, y que, de
los nervios, tambaleaba de un lado a otro. Y tomando también el arco con su mano
derecha lo apoyaba sobre las cuerdas. Pero como en una pesadilla en una mala noche, la
mano derecha no encontraba el pulso, no controlaba el movimiento, y temblequeaba
incesante.
- ¡No puedo maestra!... ¡no puedo!!– clamó Carla entre sollozos, y sus lágrimas
nublaban aún mas su intención…
- ¡Tranquila…!- dijo Trinidad ahora con oficio de maestra, frenando sus propios miedos,
y controlándose a pesar de estar viendo en ese mismo instante alrededor de diez Throlls,
que buscaban ansiosos y con feas intenciones, el olor que tanto les atraía:el de Ian y
Laura.- Ya no hay apuro… ¡tómate tu tiempo…!- le dijo, como no dándole importancia
al asunto. Sin embargo su voz se acurrucaba en la garganta, y el corazón latía con su
voz. Y con los ojos ya empapados pensó en cómo espantarlos. Y la reacción pudo más
que el pensamiento, giró su cabeza, y vio la escoba ahí colocada sobre la parte trasera de
la puerta. Y rápidamente la tomó, y con una furia desconocida la elevó con sus brazos,
dirigiéndose hacia ellos, y comenzó a sacudirles y a golpearles…
- ¡Fuera, fuera, asquerosos!- les gritaba como si fueran cucarachas, intentando
aplastarlos. Pero el resultado era más oscuro aún, pues estos se divertían, saltaban,
trepaban el palo de la escoba, bailaban sobre ella, y lo peor de todo era que los golpes
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los atravesaban sin hacerles el menor daño.
Todo esto los hacía chirriar más fuerte. Y el chirrido espantaba a cualquiera, y atraía
más Throlls, que se sentían convocados a la fiesta. Y cuando ya unos veinte monstruos
más o menos habían conseguido entrar a la casa, la cocina se inundaba de ellos, y se
empezaban a acercar al cuarto de Ian, se escuchó un tono largo, muy largo, que sonaba
en las paredes y penetraba el espacio. Era un Re, un maravilloso Re que resonaba por
toda la casa, y que bajo una sonata de Mozart comenzaba a pintar los aires. Y los
esperpentos, los desgraciados e impiadosos Throlls, se detuvieron al instante. Primero,
asombrados, miraron para todos lados, luego comenzaron a taparse las orejas en señal de
desagrado, y bajo protestas, se bajaron del palo de la escoba, se revolcaron en el suelo,
rodaron en él, y comenzaron a correr, en zigzag, en círculos... Y sin poder más de tanta
belleza imaginada en el sonido, corrieron hacia la cocina, treparon la pared donde estaba
la rendija por donde habían venido, y peleándose por ver quién huía primero, entre
chirridos y gritos, fueron desapareciendo uno a uno…
El horror por fin había desaparecido, bajo la inspirada música de Mozart y la sutileza de
Carla, que por fin pudo tranquilizarse.
- Sigue tocando, sigue tocando niña por un rato…- dijo Trinidad exhausta, sentándose en
el suelo casi convaleciente, agitada, y sintiendo el resonar del latido golpetear fuerte en
su pecho. Y enseguida vio cómo empezaba el amanecer a asomar sus luces claras sobre
las casas, y cómo los Throlls corrían espantados hacia algún lado…- ¡Gracias niña...
Gracias…!- dijo casi para sí, con la sonrisa en el llanto, y el llanto en la risa. Unos
minutos pasaron para que Carla se diera cuenta que ya todo había pasado, y que podía
dejar de tocar. Y dando la vuelta a la habitación, y yendo para el pasillo en donde estaba
Trinidad sentada, apoyada sobre la pared, se zambulló sobre ella, y la aplastó en el
abrazo. Y las lágrimas de miedo y satisfacción, bañaron sus rostros por un rato.
- ¡Lo logramos! – le dijo Trinidad…- ¡lo lograste tú solita con tu música… Carla…!
- …Sí…sí… pero volverán… ¿No?..
- Sí, seguramente,…pero nosotros no estaremos aquí…, nos iremos lo mas pronto
posible…- contestó ella con seguridad- Ellos saben que sabemos cómo espantarlos, y
cada día se tornará peor. Aparecerán más, y más – exclamó la maestra, recordando las
palabras de Totto – y con sus gritos taparán el sonido del violín, hasta conseguir
atormentarnos, para que nos vayamos de aquí y ellos puedan tomar los cuerpos.

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