En el pueblo de Potes, todo se vestía de drama. El pueblo se había convertido en un
verdadero desierto. Por las calles apenas se podía caminar. Las grietas de la sequedad
hacían de los campos un triste espacio. Cuerpos de animales muertos, lagos convertidos
en vacíos pozos, quebradizas ramas secas, y un exagerado sol tardío, todo esto expuesto
con total franqueza en un mismo cuadro. Era muy triste verlo.
Trinidad y Carla, con la ayuda de la abuela y de Emma limpiaron los cuerpos.
- ¿Por qué tanta prisa maestra? – le preguntó Carla.
- Porque hoy mismo nos vamos – le confesó alarmada ella…
- ¿Yo también voy? – interrogó con cuidado.
- Sí, tú vienes…- afirmó Trinidad con fría practicidad, apurando el momento.
- … Es un largo viaje. ¿Cómo iremos?
- Un barco nos espera por la tarde en el pueblo de Llanes, a pocos kilómetros de aquí, y
de allí zarparemos a Avalon.
- ¿Y cómo llevaremos los cuerpos? ¿Oma vendrá?
- Ella se queda acá…todavía tiene agua y alimentos para aguantar unos días – dijo la
maestra- y en cuanto a los cuerpos,…- hizo un incómodo silencio - todavía no sé cómo
los llevaremos. Es un gran enigma.
- …Te voy a extrañar abuela…- le dijo la niña.
- Yo también hija – contestó ella – pero estaré bien – dijo, mientras terminaba de vestir
completamente al cuerpo de Laura y le prendía los botones de la manga de la camisa. No
había tiempo para sentimentalismos, ahora había que actuar, pues ya estaban agotadas
todas las cartas.
- Hoy las manos parecen tener otro color – les dijo la abuela a Carla y a Trinidad,
mientras veía que un brazo esbozaba un pequeño movimiento, que ella quiso ignorar -
Ya mis ojos de tan cansados, imaginan…- dijo esta vez, y continuó con la acción de
prenderle la otra manga… pero al instante, sintió que se movía levemente un dedo, y
aunque trataba de no creerlo - muchas veces había deseado esto- el dedo insistió con un
pequeño meneo, como si quisiese llamar la atención…
- Oye – llamó la abuela a Trinidad que estaba ocupada vistiendo a Ian – ¡Ven!.. Creo
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ver algo…- le dijo confundida…Y la maestra se acercó para ver qué percepción había
tenido la abuela, y notó, sí, cómo el cuerpo de Laura insinuaba un gesto y una pequeña
acción. Y aunque rogó que esto continuase, y esperó en silencio una señal… nada nuevo
pudo ver en ese cuerpo. Entonces resignada empezó a darse vuelta para seguir vistiendo
a Ian… sin embargo en ese mismo momento escuchó un ruido, y este ruido parecía venir
de una parte de la cama.
- ¿Usted ha tocado algo, abuela?
- No…claro que no…- le contestó ella enseguida, para escuchar ahora otro ruido,
seguido de un movimiento que generaba otro movimiento, que el cuerpo de Laura
comenzaba a crear. ¡Sí!.. ¡La vida, a través de sus miembros, nacía allí de nuevo!
¡Primero una pierna y luego otra!…, y las manos que se elevaban de a poco… y sus
dedos que intentaban practicar la acostumbrada gimnasia de su bailoteo… y la cabeza
que meneaba para el este y el oeste, ¡y los ojos, como dos enormes ventanas, se abrían
para recibir la luz y devolverla! ¡Laura por fin, regresaba!
- ¡Laura! …¿estás bien? ¿Me reconoces? – preguntó Trinidad mirándola a los ojos…
- Hola…- dijo tiernamente y con pocas fuerzas… - Sí, sé quién eres – agregó al rato, y
mirando a su alrededor encontró a las otras dos que estaban ahí a su lado – Hola
abuela…, hola Carla… ¡qué alegría veros!… ¿dónde está mi hijo? – Dijo con tranquila
preocupación, e inclinó su cabeza esperando encontrarlo. Y tomando de su mano,
paralela a la suya, preguntó – Está bien… se lo ve sano… ¡Gracias! – Añadió hacia las
tres - ¡Muchas gracias!
Y ya repuesta, pasó a contarles lo sucedido en su largo periplo por el tiempo y la
historia. Lo mismo hicieron las tres cuidadoras, narrándoles cada detalle de lo acaecido
en ese tiempo, mientras sentaban a Laura y le mostraban desde la ventana el pueblo
devastado.
- Es terrible lo que habéis transitado!- dijo ella – ¿Cuánto tiempo ha pasado?- les
preguntó, mientras tomaba una taza de té que le había proporcionado la abuela.
- Tres meses… ¡tres larguísimos meses! – contestó Trinidad, y por la urgencia del caso,
pasó a detallarle los planes…
- ¿Y Tico?…- quiso saber Laura…
- …Uff…es una larga historia, que después te detallaré… ¿Y Totto?…- preguntó Trina
ahora…- ¿dónde se ha metido?
- Viene para acá, pero su trayecto es más largo que el mío…- dijo haciendo referencia a
que ella llegaba rápidamente con la imaginación, pero Totto lo hacía por el camino del
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bosque, a pie, y eso requería mucho más tiempo.- Espero que llegue pronto. Hemos
venido con el Cáliz, que quedó con Zalom en la subtierra. Zalom y el Grial iban en
busca de Ian. Él nos dijo que debíamos salir del Grial y subir para ayudarlos a
vosotros…- concluyó Laura y se levantó y se abalanzó sobre Ian, a quién abrazó y besó
durante un buen rato – ¡Ya te pondrás bien hijo mío!- le dijo con la conciencia en la
misión que juntos habían decidido cumplir. Y no sólo ella y su hijo, sino que ahora
todos los de su entorno estaban involucrados, pues comprendían que éste era el único
camino para salvar a la Tierra y a los hombres. Hasta la abuela colaboraba con todas sus
fuerzas.
El mediodía había llegado, y el sol se arrojaba hacia la tierra con toda su luz. Sabían que
los Throlls apenas aparecían de día y su verdadero tiempo era la noche y su espacio
favorito, la oscuridad, así que debían aprovechar esto. El barco partiría en una hora…
pero… ¿Y Totto?, se preguntaban, y el tiempo de espera se les acababa. ¡Ya era el
momento de salir! Por suerte estaba Laura, y podían ir con el auto hasta el puerto.
- Hasta pronto – se despidió Carla de su abuela.
- Estás en buenas manos – le dijo ella a su nieta.
- Gracias Oma,… ¡Te quiero!
- Yo también hija… ¡toma! – Agregó, dándole una foto – ¡lleva a tu madre y pídele lo
que desees, que ella está contigo!...
Laura y la maestra cargaron el cuerpo de Ian, subieron al auto y partieron hacia el
puerto, y aunque era relativamente cerca, el viaje se les hizo eterno. Debían sortear las
grietas, los pozos, los cadáveres, y la gente, ¡la pobre gente! que, desnutrida y sedienta,
observaba su paso, sin siquiera preguntarse hacia dónde se dirigían. Pocos autos había
en las rutas, y aquellos que circulaban eran los que todavía tenían recursos para hacerlo,
y que podían ir en busca de agua. Tal vez encontraban restos de algún manantial, o de
algún río que todavía emanaba una fina corriente, pero apenas quedaba para unos pocos.
Ya la tierra no daba para más. Los padres de Alan, Sébas y Tómas, hacía tiempo que se
habían ido hacia el sur, ahí parecían haber hallado algo en donde revitalizar a esos
cuerpos en coma.
Finalmente llegaron y subieron al barco, atestado de gente con la esperanza puesta en
otra nación que le proporcionase más beneficios. Todos despedían a sus parientes con el
dolor enraizado en sus gargantas y en sus pechos. Francia, los Países Bajos, Inglaterra,
ese era el destino anhelado por aquellos que consideraban que allí todavía había agua.
- Inglaterra, la tierra de las hermosas colinas verdes, está seca…– le decía el capitán del
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barco a un aprendiz marinero - ¡pobre gente!… ¿que va a buscar ahí?... no sé… –
añadía con conocimiento de causa – hace unos días estuve yo por esos lados, y nada me
mostraba algo mejor que esto. – Aseguró con dramatismo – Este es el fin muchacho…
poco le queda ya de existencia, a esta tierra… Yo ya estoy viejo, pero… qué será de mis
hijos y mis nietos – se preguntaba melancólico, mientras se retiraba con el seño fruncido
a recibir a los nuevos habitantes del viaje.
- ¿A dónde decís que vais? – preguntó extrañado el capitán a las tres acompañantes y al
niño…
- A Glastonbury…- contestó Trinidad con seguridad.
- … Pero… ¿qué van a buscar allí dos mujeres solas, con un niño y una niña, en época
de Pascuas? – se sorprendió éste…
- ¡LA ESPERANZA ¡– le dijo Trinidad, con fortaleza en su interior pero con los ojos
llorosos y el alma compungida. En su preocupación, ni siquiera había notado que
faltaban apenas días para las Pascuas, y esto la llenó aún más de tristeza. Y el hombre
comprendió que no podía preguntar más, y se sintió apenado por esa mujer.
Laura tenía en sus brazos a Ian, o al cuerpo de él, y Carla y Trinidad llevaban mochilas
con comida y agua. El capitán, tras haber subido todos, daba las órdenes de zarpar y
hacía sonar la campana de partida. Trinidad pensaba en Totto, ¿en dónde andaría?, él le
había dado las indicaciones de dirigirse hacia Avalon… ¿Y si allí no había nada? – se
preguntaba con cierta inseguridad, hasta, por fin escuchar una conocida voz…
- ¡Ey!…. ¡Espérennos! – gritaban Tico y Totto, sin siquiera ser oídos por el capitán, que
comenzaba a elevar el ancla.
- ¡Tico! – gritó Carla, y corrió a recibirlo, sin poder evitar que algunos pasajeros la
mirasen extrañados por su comportamiento. Totto, Tico y Lin, comenzaban a subir por
el puente que unía el muelle y el barco.
-¡Totto! – suspiraba Trinidad y Laura hacía lo mismo, conservando la postura, y tratando
de no llamar la atención.
- ¿Dónde te metiste? – le susurró Laura con cuidado, para que no la escuchasen y la
tomasen por loca.
- ¿Tú que crees, qué es fácil encontrarte, y viajar por esta tierra tan particular que
vosotros tenéis?...- le reprochó su amigo y compañero de viaje – ¡Para ti es fácil!... tu
imaginación te lleva lejos… Nosotros hemos tenido que sortear varios obstáculos.
- ¿Cómo sabías que estábamos aquí? – quiso saber Trinidad.
- Gracias a la abuela, que en su conversación con Emma reveló que veníais para aquí;
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gracias a Lin que preguntó a sus amigas las sílfides dónde estaba el puerto; y gracias a
Tico, que se colgaba de cada bolso que viajaba en algún auto, y nos introducía en él
repentinamente…
-¿Por qué regresamos a Glastonbury, qué hay allí? – inquirió ahora Laura, que recordaba
muy bien su paso por allí, junto a José de Arimatea.
- Cuando estuvimos ahí, todavía se estaba gestando la nueva tierra. Luego el Rey Arturo
con Ginebra, al descansar sus cuerpos allí, le terminaron de proporcionar a estas tierras
unas fuerzas especiales, que la hacen constantemente renacer…Ahora todo estará muy
cambiado. ¡Eran otras épocas aquellas! – dijo, y agregó ...-Lo primero que haremos
cuando lleguemos, será beber de sus aguas, comer de sus manzanas, si es que todavía
queda algo de las dos cosas, y esperar noticias de Zalom… allá abajo las últimas noticias
eran desalentadoras. Los Throlls, según me han contado, ya habrían derrotado al ejército
de Craco,… más no pude saber.
El barco zarpó por fin del puerto de Llanes y llegada la noche, todos se durmieron.
Totto, Tico y Lin se colgaban de un mástil y observaban el cielo estrellado. La
preocupación de Totto era evidente, y por más que Tico alegraba la escena con sus
cuentos sobre el águila, o sobre su estrepitosa caída en picada, nada lo alejaba de sus
pensamientos sobre el Corazón de la Tierra. ¿Estará seco ya? – pensaba, mientras
escuchaba el ruido del mar.
Varios días duró el viaje, y sólo quedaban los últimos pasajeros de Glastonbury. La
mañana presentaba un sol apenas visible, y a medida que avanzaba el barco se iba
tornando el paisaje más gris y más nebuloso. Pedazos de tierra flotantes, como raros
islotes aislados, se sucedían unos a otros en la brumosa imagen de los observadores, que
miraban extrañados el paisaje. El silencio se apoderaba del ruido de las aguas y le daba
al lugar un ambiente misterioso y opaco. No muy lejos, una curiosa isla diminuta
poblada de extraños habitantes, todos pequeños, muy pequeños, parecían reírse,
mientras corrían entretenidos cargando guirnaldas de hojas y flores, como si estuvieran
por festejar un cumpleaños… ¡Se los veía felices!
- ¿De qué se ríen? – preguntó Carla.
- Es la isla del humor – contestó el capitán – Aquí casi nunca sale el sol, entonces para
contrarrestar el mal tiempo, ríen… ellos dicen que llevan el sol adentro. Solamente dos
veces al año, en Navidad y ahora, en la nueva Pascua, emerge el sol, y lo celebran con
una gran fiesta, con bailes y danzas, y así cargan toda la energía del sol.
- ¿Has conocido a alguno de ellos? – le siguió preguntando la niña.
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- Sí, los he llevado un par de veces – respondió el jefe del barco - …. ¡Y no han hecho
más que reírse! Hablan riendo, caminan riendo, comen riendo… es muy extraño, pero
muy agradable y divertido estar con ellos.
- Esa podría ser tu futura tierra Tico – le dijo con amabilidad su amigo Totto
sonriéndole.
- … ¿Y ellos no tienen problemas con el agua? – quiso saber Laura.
- Seguramente sí, pero no les preocupa – les dijo el capitán - … solo ven que tienen un
día más para celebrar, y eso es lo que les importa.
Al poco tiempo pasaron por una isla negra, totalmente negra. Allí los pobladores, en
contraposición con los otros, eran flacos y largos, caminaban con los hombros caídos, y
las ropas oscuras les cubrían casi todo el cuerpo. Todos iban como en procesión. Los de
adelante cargaban un ataúd, los de atrás lloraban.
- Y a esos ¿qué les pasa? – volvió a interrogar la niña, que estaba asombrada de tantas
cosas nuevas.
- ¡Ah! Sí, ¡la isla negra!, ¡ la isla de la amargura…!- dijo el oficial del barco – A ellos
tampoco les da el sol, pero decidieron mantener la angustia, y le enseñan a éste su
disgusto y su lamento, y aunque el astro aparece igual que en la otra isla, en Navidad y
en Pascua, ellos, esos días, hacen un velorio para mostrar su desgracia. Es un reproche.
- Ja,… esta parece ser tu nueva tierra Totto – le embromaba Tico a su amigo, por la
seriedad con que éste se comportaba en ciertos momentos,… y juntos echaron a reír un
buen rato.
El día iba despidiéndose poco a poco, y le daba lugar a un especial crepúsculo tardío. Ya
apenas veían el agua, y la neblina cubría todo el barco, hasta no llegar a ver
absolutamente nada. Hasta se buscaban para poder hablarse y comentar sobre el asunto.
- Pasajeros… hemos llegado...- dijo con tristeza el capitán, que se había encariñado con
ellas, y las sorprendió…
- ¿Hemos llegado… a dónde? – Preguntó Trinidad confundida…- aquí no hay nada…-
afirmó…
- La isla de Glastonbury está detrás de esta niebla…sólo tienes que bajar del barco y
pisar su tierra- aseguró.
- Pero… ¡aquí no se ve nada! – dijo Carla con cierto miedo.
- Yo os he avisado, esto es el recinto de la soledad y el misterio – les reprochó con dolor
– podéis volver conmigo – ofreció con amabilidad.
- No, gracias! – dijeron todos a la vez, con Totto, Tico y Lin incluidos – tenemos cosas
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que hacer…- agregó Trinidad, y sonrió, abrazó al capitán, y prometieron verse, en dos
semanas si es que el destino así lo quería.
- Si estáis aquí todavía, y deseáis volver, con gusto os llevaré de vuelta – dijo – Dios
quiera que aún estemos vivos – Concluyó, y se despidió de ellos. Y allí, en esa extraña y
recóndita isla, bajaron los últimos pasajeros.
Apenas se podía distinguir lo que se pisaba. La niebla lo abarcaba y lo tapaba todo, y la
oscuridad de la noche se hacía presente con más intensidad que en otros lados.
- Conocidas son las brumas de este lugar - dijo Totto, para confirmar lo dicho por el
capitán.
- No son brumas…- les susurró Lin a todos- son mis hermanas mayores, las hadas…
junto a millones de Sílfides, bailan alrededor de la isla, y la protegen…Cuando termine
todo, si todavía somos estos seres, me quedaré a vivir,… ¡éste es mi lugar!…- dijo Lin
encantada, y comenzó a saludarse con todas las demás seres del aire.
Era tarde ya, y el sol parecía despedirse también entre gruesas nubes. Nuestros amigos
no podían ni caminar, ya que ni siquiera tenían a la luna como referente, así que se
sentaron y decidieron pasar la noche en ese lugar. Carla tuvo miedo, y lloró. Lloró por
todo, por su abuela, por Ian, por su madre ya muerta, y por su padre que no había dejado
rastros de su existencia. Trinidad la abrazó fuerte, y también lloró. Laura miraba
maternalmente la escena y las acompañaba solamente con una sonrisa fuerte y segura.
Era lo único que podía ofrecer, tenía a su hijo en brazos y debía transmitirle cierta
confianza. Ella también estaba triste, pero prefería no demostrarlo. Comieron, hablaron
casi en voz baja, por la inseguridad de ser escuchadas por algo o por alguien, y se
acostaron a dormir. Y esta vez Lin fue la única que salió a disfrutar la noche, después de
haber permanecido apresada bajo el poder del viento Norte. Totto y Tico decidieron
quedarse a acompañar a las damas. Y finalmente, se quedaron todos profundamente
dormidos. Carla se contuvo en el regazo de Trinidad, e Ian descansó sus ya largos
sueños en el de su madre. Y la noche cayó sobre ellos, y cada uno en su sueño,
deambuló por ella.
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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