Mientras tanto Zalom seguía volátil su periplo junto al santo Grial, y atravesaba el Prado
Verde o la Meseta Florida, ahora despoblado y en ruinas.
– ¿Qué ha pasado aquí? ¿Dónde está el Corazón de la Tierra? ¿Adónde se han ido
todos?– se preguntaba, y su sorpresa fue aún mayor cuándo divisó los laterales de la
Colina Alta, toda nevada, y de cuya blancura emergía la imagen roja del rostro de
Parzival junto a su amada Kondwiramour, que se había formado con la sangre de las
espadas. Sin saber adónde lo llevaba el Cáliz, continuó hacia la cima de la colina y
descendió, con un halo de maravillosa luz, ¡en el medio de la Colina Alta!, para sorpresa
de todos, ¡inclusive, de los Throlls…!
- ¡Por todos los gnomos! – exclamaron los gnomos, asombrados por la belleza de ese
Cáliz que nunca habían visto, y que iba acompañado de una hermosísima aura amarilla .
- ¡Por todos los Throlls! – expresaron los Throlls, que sólo observaban lo material, el
dorado de su copa y las piedras preciosas en su parte externa.
- ¡Hola Zalom! – lo saludó Minus con alegría. Lo mismo hizo Craco que si bien no lo
conocía tanto como Minus, había oído hablar de su sabiduría y su misión de cuidar el
Grial.
- Hola a todos – devolvió el saludo, sobresaliendo en el Cáliz y saliendo de él, con su
gran barba blanca y su erguido porte – ¡Hola todos! – Volvió a decir - ¡incluidos todos
estos tontos ambiciosos, que actúan en contra de ellos mismos…!- dijo en tono de
reproche.
- ¡Hola! – contestaron los Throlls, contentos de ser saludados.
-¡Nadie saluda aquí! – gritó Terriblus – ¡Ningún gnomo nos dice tontos! – protestó con
un salto bien alto.
- Como tú quieras – le dijo Zalom con tranquilidad.
La nieve iba disipándose, y ahora sí, la tierra adquiría su verdadero color, y se
empezaban a descubrir las espadas de los Throlls. Si no hubiera sido porque los gnomos
apuntaban con sus espadas a los monstruos, éstos ya las habrían tomado. Sin embargo
Zalom sorprendió diciendo:
- ¡La batalla debe seguir! Espada con espada, gnomo contra Throll, Throll contra
gnomo. Nadie puede luchar desarmado. Así nos lo enseñó Feirefis. Estas espadas que
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habéis recibido son fruto de una digna pelea que tuvieron Parzival y su hermano
Feirefis. Son los restos de la gran espada que le regalara el viejo Anfortas a Parzival, y
que se rompiera en plena disputa con Feirefis, quien al ver cómo se disipaba por el aire,
interrumpió la contienda, y pudo saber con ello el lazo sanguíneo que tenía con Parzival.
- Pero… ¿cómo?- dijo uno de los Throlls - ¿Las espadas no eran un regalo de Terriblus
para nosotros?
- No le crean – decía Terriblus nervioso- ¡está mintiendo!
- …Pero, ¿cómo vamos a luchar uno contra uno?... ¡si son cientos de cientos!- dijo
Craco pragmático.
- Lucharéis así – ordenó Zalom con justicia -: ser contra ser, individuo contra individuo,
¡y que gane el que corresponda! Para ello, quitad las espadas que sobren para la cantidad
de Throlls que hay, y la lucha será justa. ¡Ni más ni menos! – concluyó.
Y así lo hicieron, tal cual dispuso el viejo, para alegría de los Throlls que consideraban
fácil la resolución, y para desconcierto de algunos enanos como Sustus, Negatius y
Morbus, que creían haber ganado ya la reyerta. Sin embargo los demás gnomos estaban
de acuerdo, y comenzaban a juntar todas las espadas, y a repartirlas en igual cantidad de
gnomos.
- ¡Si serán tontos estos gnomos! – expresó Terriblus, que deseaba tomar su espada y
embestir a los pequeños.
- Tú tendrás que esperar – le dijo Minus – yo seré quién luchará contigo…
- ¡Con mucho gusto! – contestó éste con una sonrisa venenosa y malsana.
- ¿Dónde está Tuzal? – preguntó Zalom
- En la gruta detrás del Prado Verde – gritó uno de los guardias de Tuzal, acompañado
de Orejio y Nazio que acababan de llegar y no podían creer lo que veían. Entonces el
viejo, ordenó que le llevaran una espada a Ian.
- Seguramente la necesitará…- afirmó con sabiduría – llévala lo más rápido que puedas
– le dijo casi en secreto a Rip, el enano más veloz de todos, que corrió entusiasmado por
su labor.
Y una vez dispuestos luchador con luchador, frente contra frente, brazo contra brazo,
espada contra espada en perfecta y ordenada coreografía, comenzó la contienda entre los
enormes Throlls y los pequeños gnomos. Y los chispazos y el centelleo de los golpes
asustaban a cualquiera. Y los hierros de ambos lados golpeaban con gran ímpetu, y
después de un tiempo entre saltos de unos y de otros, entre golpes mal hechos y espadas
quebradas, entre quejidos e insultos mutuos, los Throlls iban sucumbiendo al coraje
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enérgico de los pequeños enanos, que con semejantes armas soportaban cualquier
embestida. Y los Throlls vencidos eran remplazados por otros, que aunque aparecían
con más brío y carácter, corrían la misma suerte y se desplomaban rendidos sobre el
suelo. Y así los valientes enanos esperaban la segunda, tercera, cuarta y décima tanda,
tal vez cansados…tal vez exhaustos de tanta fuerza empleada en esa guerra. Y aunque
los Throlls parecían no acabarse nunca, los gnomos aguantaron hasta el final y
consiguieron por fin terminar con los malos seres, que ya apenas podían soportar los
últimos golpes.
Sin embargo ahora le tocaba a Minus disputar con Terriblus la última pelea, y todos
creían ver en esto algo difícil de superar. El tamaño de Minus era exageradamente
pequeño, el de Terriblus enormemente grande para un gnomo, aún así, Minus estaba
ansioso por hacerlo. Había guardado mucha bronca y la quería descargar en ese
desagradable ser que había comandado casi todo el caos reinante. Y ambos se pusieron
uno a uno, frente a frente, como aconsejaba Zalom. Y a la orden de largada, en silbido
final de ataque, Terriblus sorpresivamente se dio la vuelta, y echó a correr despavorido
por la Colina hacia el este, dejando a todos, Throlls y Gnomos desconcertados.
- No parece muy valiente vuestro jefe – dijo Zalom, y la risa fue múltiple, desde el
primero hasta el último gnomo. Ya alejado, Terriblus siguió corriendo, de miedo y
espanto, pero la mala suerte le jugó una pasada, y tropezó sin darse cuenta en el Pozo
Patinoso, donde estaban los otros Throlls apresados y derrotados por sí mismos. Y
Terriblus ante la vista de los otros Throlls prisioneros cayó varios metros abajo.
- ¡Cobarde! – gritaron todos - ¡Hurra! ¡Bravo! – siguieron, y bajo la sonrisa sabia y
calurosa de Zalom, llevaron a los Throlls hacia el Prado Verde, cual ejército dominado y
humillado. Y allí llegaron, y esperaron el desenlace final del encuentro entre Alan,
Tómas, Sébas, Ian, Sensato y Tuzal, el maléfico, vengativo y perverso Throll.
Mientras tanto en la gruta, Tuzal dejaba sus huellas de barro en el piso, e indicaba el
camino del enano Rip, que se guiaba por ellas. Tómas corría casi inclinado para no
golpearse, transportando a todos en sus hombros, incluido el delicado Corazón de la
Tierra, que tenía Ian en sus manitas. Cualquier tropiezo, caída o golpe, implicaría la
destrucción de toda la misión. Sensato, que bien conocía esa gruta, estaba tan ocupado
en el cuidado de Ian para que no se cayera, que no se percató de la falsa dirección que
tomaba el gigante Tómas sin darse cuenta de que iba por un camino sin escapatoria. Y
por este descuido, llegaron hacia el final de la gruta, y aunque buscaron algún agujero
por donde salir, no encontraron nada.
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- Debemos dar la vuelta - dijo Sensato – aquí no hay salida…
- ¡Y este enano lo dice recién ahora!…- protestó Tómas mientras giraba para correr
hacia el otro lado.
Y cuando viró su enorme cuerpo en dirección opuesta, encontró al oponente máximo, al
enemigo de enemigos, al ambicioso guía de toda la operación “destrucción de la tierra”,
Tuzal - ¡TUZAL! – pensaron y exclamaron todos. Y había que verlo con esa horrible y
espantosa figura, cubierto de esa horripilante capa vegetal enmohecida a raíz de su sudor
y su bronca. Refunfuñaba, rezongaba y escupía baba verde mucosa, que lo hacía
inentendible, pero que Sensato comprendía como un desafío hacia todos.
- ¿Me lo saco de encima? – preguntó Tómas enseguida, y todos se miraron confusos, e
irresolutos…
- Ven, si te atreves, pedazo de bestia con patas – amenazó Tuzal que a nada temía.
- ¿Bestia con patas?... ¡Esto ya es demasiado! – protestó Tómas – ¡te aplastaré
monstruito repugnante! – chilló y todos se abalanzaron hacia el Throll.
- ¡No! – gritó alguien atrás de Tuzal. Era Rip que venía con la espada, y se acercaba a
ellos. Y frenando el impulso, bajaron de los hombros de Tómas y escucharon a través de
Rip el mensaje de Zalom - ¡Uno contra uno! – remarcaba el mensajero en secreto – así
lo ha dicho el viejo, y así se hará, en honor a la enseñanza de los hermanos Parzival y
Feirefis .
- ¿Cómo dices? – cuestionó sorprendido Ian .
- Así es. Zalom presenció la disputa entre los hermanos, y dice que esta espada es parte
de la espada de Parzival – dijo Rip con una naturalidad que dejó perplejo a Ian. Él
conocía la historia de ese enfrentamiento y sabía que la espada se había roto en varios
pedazos….pero… ¿Cómo ha llegado hasta aquí? – pensaba.
- Ya me estoy cansando de vuestro debate – se quejó Tuzal - ¿tanto miedo tenéis?
- Déjame a mí que acabo con él en un segundo – dijo Tómas- ¡éste ya me tiene cansado
con su prepotencia!- y esta vez nadie lo pudo contener, y se lanzó a la carga hacia el
Throll, que apenas llegaba en altura hasta el tobillo de Tómas. Pero cuando se inclinó
para agarrarlo, éste pasó por debajo de sus piernas y lo esquivó, y en la primera
distracción le clavó por detrás la espada en el talón, con una fuerza tal que lo dejó tirado
agarrándose del pie.
- ¡Ay! – gritaba Tómas enfurecido – ¡esto te costará caro! – gemía casi, - ¡mirad lo que
me ha hecho este asqueroso! – decía, mientras se sostenía el pie con dolor y veía cómo
sangraba. Encolerizado ya se arrojó otra vez hacia él, pero esta vez para patearlo, como
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si fuera una pelota de fútbol, con toda su potencia. Y tiró la patada, sí, como la mejor
patada jamás ejecutada; y no solo erró el golpe, porque Tuzal saltó fácil por encima del
pie, sino que patinó en el barro de las huellas del monstruo allí acumulado, y cayó, cayó
torpemente con sus partes traseras al suelo. Y todo hizo ruido allí, y todos se
conmovieron por aquello que Tómas estaba viviendo, y quisieron levantarlo, pero éste
aulló con rabia…
- ¡No! – dejadme solo – y comenzó a levantarse, pero apenas llegó a inclinar su espalda,
porque Tuzal apareció enseguida con un aterrador gesto, con los pelos elevados de
maldad, y en un impulso ágil y un movimiento eficaz e infalible, clavó la espada con
gran ímpetu sobre el otro pie de Tómas ,con tanta intensidad que lo hizo trastabillar
nuevamente, y esta vez sí, ya no podía siquiera moverse de dolor. Y allí quedó tendido
sobre el piso con el rostro desolado de molestia y frustración.
- ¿Quién sigue? – dijo Tuzal provocativo, parado sobre el pecho de Tómas, apuntándole
la espada en el corazón.
- ¡Yo! – gritaron con bronca Sébas y Alan a la vez, enfadados por el ataque feroz
emprendido contra su amigo.
- ¡No! – dijo suavemente Ian, pero con convicción, mientras le entregaba el Corazón a
Sensato – ¡Toma, cuídalo!- le confió a éste – a mí me toca. – dijo tomando la espada que
le traía Rip.
- Me parece que estáis equivocando la partida – dijo con seguridad Tuzal – Ahora el que
decide soy yo, ya habéis visto mi poder – se ufanó- si queréis otra pelea, debéis
apostarme la piedra, si no, ¡terminaré con vuestro amigo ahora mismo!- .Y continuó –
Es simple, si pierdo, ya sabréis qué hacer conmigo, pero si gano, me daréis la piedra, ¡el
Corazón!, y me dejaréis retirarme en paz, y os iréis de mi tierra lo más pronto posible,
vosotros, y los idiotas que están en la Colina Alta.
- Aceptado… – dijo Ian con cierto temor, provocando la duda de los demás, que apenas
se animaron a contestar.
- Muy bien- dijo él inflado de vanidad – saldremos afuera y lo haremos al aire libre,
sobre el Prado Verde, allí tendremos más espacio. Pero yo saldré con mi rehén vencido,
el gigantón…- concluyó, y en seguida salieron todos hacia el exterior, y encontraron a la
multitud de Throlls dominados por los gnomos.
- ¡Idiotas!- insultó al ver a sus camaradas subyugados por los pequeños – ¡manga de
inútiles!, yo les enseñaré a ser un verdadero Throll – dijo orgulloso, y gritó ante todos
para demostrar su autoridad…- Aquí podréis ver mi poder, acabo de derrotar a esta
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especie de elefante sin trompa, ahora le tocará al pequeño ladrón – dijo, en relación a
Ian, y continuó entusiasmado- Si todavía tenéis honor, aceptaréis que el que pierda
deberá renunciar a sus objetivos, el que gane, pues… - hizo una pausa y sonrió con
malicia - ¡se quedará con todo!
- Así será – aseguró Zalom – tenéis mi palabra - dijo, y el silencio y las miradas de
temor y confusión entre los enanos fueron terribles. No sólo Craco y Minus estaban
inseguros de esta desproporcionada apuesta – el mayor tamaño y la experiencia de Tuzal
frente a Ian eran evidentes – sino también Zalom, que se sentía responsable de su
mensaje sobre el honor. Y en ese anfiteatro de disímiles figuras y miradas perplejas,
todos agotaban su aliento y contenían su ánimo, pues nadie sabía bien cual iba a ser el
resultado. La desconfianza y la angustia se repartían por igual en ambos bandos.
- El espíritu de Parzival está adentro tuyo – le estimuló Zalom con firmeza – no temas, y
nada te pasará – culminó.
- Vamos, ¡ya basta de protocolo enano, y a la lucha!- ordenó el Throll.
Y así se hizo, a la orden de Zalom, ambos elevaron sus espadas y comenzaron a
emplearlas con violencia. Ian lanzaba sus estocadas con fuerza; Tuzal las esquivaba con
agilidad, tiraba un gran golpe al niño, lo derribaba y lo expulsaba varios metros para un
costado, mientras los espectadores expresaban un preocupado suspiro. Levantado Ian,
recibía otro empujón y luego otro ramalazo, y luego un puntapié, y luego un porrazo, y a
medida que se ponía de pie, iba siendo objeto de golpes múltiples. Largo tiempo duró la
pelea, largas horas resistió Ian, hasta quedar finalmente tirado un instante en el piso,
como desfallecido. Y otra vez el silencio, el escalofriante silencio del público que no se
atrevía a expresar sentimiento alguno, por el temor a su próximo destino.
- ¡Vamos!, ¿que os pasa?, ¿no alentáis a vuestro jefe? – increpaba Tuzal a los vacilantes
Throlls, que no sabían bien qué hacer. Lo veían a Ian ahí tendido, como inconsciente,
pero aún en su desfallecimiento se afirmaba a la espada, y todavía los Throlls no se
animaban a festejar…- ¡Vamos! ¡Vamos! …¡es una orden! – bramaba… y ahora sí, los
monstruos intentaban convencerse de la victoria, y comenzaban a exclamar - ¡Bravo!,
¡Bravo!- mientras los gnomos agachaban la cabeza con resignación y desconsuelo. Solo
Zalom mantenía firme su rostro con la mirada puesta en Ian, y se resistía a verlo
derrotado. Tal vez esperaba un indicio, una pista, algo que le dijera que todo había
tenido algún sentido, sin embargo lo único que notó, fue que sobre la mano de Ian, que
tomaba la empuñadura fuertemente, corría sangre, y lo creyó gravemente herido.
- ¡El Corazón es mío! – vociferaba Tuzal- ¡Es mío! … y en ese mismo instante el cuerpo
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de Ian comenzó a alzarse, a tomar rectitud, a afirmarse en sí mismo, y como tomado por
un nuevo espíritu llamó…
- ¡Ey!, ¡tú!… no os entusiasméis, que todavía os falta un poco para la fiesta… - gritó el
niño irónico y revitalizado, y la expresión del viejo Zalom se sobrecogió, y empezó a
comprender ahora la señal de la sangre.
La misma sangre que siempre se manifestaba en los momentos cruciales: la que llenara
el santo grial, la que goteara de la lanza de Repanse de Schoyes, y la que conmoviera a
Parzival cuando observaba el rostro de su amada Kondwiramour dibujado en la nieve.
Y ahora entendía Zalom. Esa imagen del rojo de la sangre sobre el blanco quedaría
grabada en la espada para siempre desde aquella vez, en que el joven Parzival la
recorriera con la punta en sus contornos. Como si absorbiera su flujo, la tomara en su
interior y la llenara de ese líquido sagrado para regalarla años mas tarde, en otro ámbito
y en otra situación. El destino querría después que esta misma espada se rompiera en
muchos pedazos, y recorriera tiempos y espacios, para aterrizar finalmente diversificada
en cientos de ellas en la Colina Alta, y verter sus gotas de sangre sobre los cuerpos de
los gnomos exhaustos.
¡Y ahora esta sangre, que no brotaba del valiente niño sino de la empuñadura de la
espada, y parecía renovarlo!
- Ya veréis humano incipiente – gruñó Tuzal…expulsando una desagradable secreción
de su nariz, aumentando el moho de sus manos, embarrando inmundamente la tierra - ¡te
masacraré! – gimió, gimió tan fuerte que hizo caer a todos por el movimiento que
provocó en la tierra. Así Sensato, que sostenía el Corazón, tuvo miedo de que éste se le
cayera, pero rápidamente fue tomado por Alan y Sébas que sabían cuidar de él.
Y el jefe de los Throlls arremetió contra el niño…pero esta vez Ian estaba preparado, y
le devolvió el golpe, no abajo como esperaba Tuzal, sino arriba, en donde suponía iba a
saltar… y el embate lo encontró justo en el medio del cuerpo y lo hizo caer desplomado
al suelo estridentemente. Luego el Throll, utilizando sus mejores tretas y trampas, esperó
echado a que el humano se acercase, como si estuviera inconsciente, y en cuanto el niño
se allegó a su lado le zampó un cachiporrazo, que Ian supo esquivar ágilmente según
había aprendido del mismo adversario. Y ahora sí, un último porrazo al costado derecho,
adivinando y anticipándose al salto esquivo de Tuzal, lo terminó de tumbar
definitivamente en la tierra. Y allí esperó él, el pequeño luchador, y allí esperaron todos,
gnomos y Throlls en común y contradictorio mutismo, el desenlace final, la terrible
sorpresa, o la reconocida desgracia, para unos o para otros. Pero esa mudez en donde
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descansan los mejores espíritus, ese ancho silencio que penetra en el alma y que dilata
toda dimensión, se extendió por un largo rato hasta corroborar por fin que el poderoso
Tuzal estaba acabado. Y con esto, la celebración comenzaba a impulsarse en el gesto de
los enanos.
- ¡Sin festejos! – ordenó casi Zalom, aunque no le gustara hacerlo – no hay tiempo para
estas cosas,…debemos actuar con prontitud – dijo, y fue rápidamente con Sensato, Alan,
Tómas y Sébas a saludar al valiente niño que estaba verdaderamente agotado, mientras
Sensato le entregaba con cuidado el Corazón de la Tierra.
- Te has comportado como un gran caballero – lo felicitó Zalom, y agregó – debes
descansar un rato, porque tú y yo debemos hacer un viaje.
- ¿Qué pasará con ellos? – preguntó el niño ahora devenido caballero, refiriéndose a
Tómas Alan y Sébas.
- Ellos volverán a sus cuerpos, que vaya a saber por dónde andan – le contestó – Craco
también irá para allí. El los acompañará hasta un cierto lugar, y luego les cantará la
canción de regreso, para que puedan volver y no se pierdan por ahí – añadió. Dicho
esto, Zalom mandó juntar a todos los Throlls - incluidos los del Pozo Patinoso- e hizo
llevarlos hasta el precipicio, aquel en donde había caído el ejército de Tiranius…
- Ellos sabrán saltar hacia la sub-subtierra, su verdadera patria, adonde pertenecen... la
profundidad de las profundidades, el fondo de los fondos – dijo el sabio Zalom, y amplió
– Y algún día deberán comprender que su única y verdadera actividad, es la
desintegración y descomposición de las cosas vivas, ¡y no otra cosa! – adjuntó como
regañándoles. Luego Zalom fue hacia el niño y le pidió la piedra azul que Ian sostenía
con inquietud.
- No parece latir – le decía el niño mientras le entregaba el Corazón…
- ¡Apenas pulsa!… - dijo tomándola asustado - ¡Vamos, corre!
- ¿A dónde? – preguntó éste .
- ¡Zambúllete ahí adentro!- le ordenó.
- ¡El grial! – gritó admirado.
-¡Vamos niño…se muere! -
- ¿Cómo haré esto, si el Cáliz es más pequeño que yo? – preguntó con razón.
- Sólo confía… ¡Yo lo haré primero…detrás mío vienes tú…!- dijo, y sin dilaciones se
arrojó, y desapareció en la copa. Y lo mismo hizo el niño, entre asustado y deslumbrado
por la aparición del Santo Grial. Al instante se abría la tierra y se los tragaba. Destino:
AVALON.
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Los gnomos mientras tanto, cumplían con lo que había pedido Zalom, y presenciaban
juntos cómo se precipitaban los Throlls hacia su auténtica morada: el Valle Lacrimoso,
en dónde estaban los 7 estanques y la cueva negra. Se tiraban en multitud con los brazos
abiertos entre gritos y quejidos. Terriblus fue el último. Aporreado y apaleado por los
demás Throlls, por haberlos engañado con las espadas y por haber fallado en su
mandato, se lanzaba solo y dolorido hacia el valle, con la mentira y el fracaso sobre sus
espaldas. Lo mismo había hecho Tuzal con anterioridad, pero éste había sido tomado de
brazos y piernas por Thrill y Thrull, Orejio y Nazio, que bajo el insulto de - ¡Púdrete!,
lo arrojaron al vacío. Estos cuatro se tiraron últimos también, pero la suerte o la
desgracia, según para quién lo vea, los hizo caer en el lago de aguas frías, y en poco
tiempo Thrill, Thrull, Orejio y Nazio ¡se convertían en buenos y amables gnomos!
miércoles, 17 de diciembre de 2008
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